El Estado
intervencionista en la Argentina
Cristina Dirié
1981
1)
Introducción
En este trabajo intentaremos hacer una caracterización del
Estado argentino en la década del 30 y en los primeros años de la década del
40. Nos preocupa visualizar la “penetración” del Estado en funciones dejadas
anteriormente al arbitrio y regulación de la sociedad civil, es decir,
visualizar aquellos cambios que determinaron la emergencia, en la Argentina,
del Estado intervencionista y su ampliación, luego, hacia un Estado
planificador del desarrollo, así como las características que el mismo asumió. La literatura existente sobre el
periodo da cuenta de que son los sectores conservadores los que lideran el
proceso de intervencionismo en la década del 30, y que éste tenia un alcance
limitado; sin embargo, seria erróneo suponer que nada cambió. Las consecuencias
del proceso que allí se inicia fueron profundas. Ellas crearon las bases que
hicieron posible una tentativa de intervencionismo más ambiciosa que escapó al
diseño original. La hipótesis de este trabajo es que hay una diferencia cualitativa
entre el Estado en la década del 30 y el que se inaugura a partir del gobierno
militar, en el 43. En el primero encontraríamos características de un
intervencionismo defensivo 1que, con
medidas pragmáticas, pretende adecuarse
a los cambios ocurridos en el ámbito mundial; en el segundo, un Estado
con, al menos, intenciones planificadoras. Mientras el Estado intervencionista
defensivo toma bajo su responsabilidad la implementación de medidas parciales,
puntuales y aisladas para tratar de dirigir el curso de los acontecimientos
económico- políticos del momento, el tipo de Estado que le sucede y al cual
llamamos planificador, implementa medidas globales, profundas y coordinadas, procurando
dirigir el desarrollo. En este cambio en la concepción
del Estado están presentes, sin embargo, dos rupturas que se dan en la década
del 30: por un lado, la ruptura con el orden liberal tradicional, sustentado
durante décadas por el gobierno argentino y, por otro lado, la ruptura con el
orden constitucional, con la aparición en la escena nacional, en lugar
preponderante, de los militares. La burocracia militar va creciendo y
consolidándose, va penetrando en los roles civiles de la sociedad y, según el
caso, expresa su descontento con las formas en que se ensayan las recetas
destinadas a paliar la crisis económico-social. Para el análisis del Estado en la
década del 30 subdividiremos la exposición en dos partes que se relacionan con
lo anteriormente apuntado. En primer término, estudiaremos la emergencia de las
medidas intervencionistas ubicándolas en su contexto histórico y político y, en
segundo término, analizaremos el proceso de consolidación de la burocracia
militar en el periodo. Sin embargo, a pesar del desglose analítico referido,
intentaremos mostrar las mutuas
dependencias. En cuanto al estudio de la etapa
posterior a la que nos referimos, centraremos la atención en la emergencia del
Consejo Nacional de Postguerra y su significado, tratando de descubrir el
particular encadenamiento de intereses y propuestas que lo orientan. 2) Clima de ideas
Importa destacar que la
transformación del Estado en la Argentina no sólo respondió inicialmente a las
razones impuestas por la situación económica del país. Había en el mundo de la época un clima de ideas que
daba cuenta de la necesidad de que el Estado transformara sus funciones. Por un
lado los efectos que sobre la economía mundial tuvo la primera guerra, así como
el desarrollo del capitalismo llegando a una etapa de gran concentración y, por
otro lado, las consecuencias de gran depresión, pusieron sobre el tapete la
necesidad de una intromisión del Estado en los asuntos antes dejados a la
supuesta “natural regulación de los mercados”. Algunos pensadores señalaron el
hecho de que el malestar socioeconómico no era pasajero sino que era
demostración o efecto de un cambio radical en la estructura del capitalismo que
llevaría a la catástrofe sino se tomaban
las medidas de fondo. Ya en 1926 había aparecido “The
end of the laissez faire” y en 1936 se publicó la “Teoria general sobre la
ocupación, el interés y el dinero”, ambos de John Maynard Keynes. En los
mismos se afirma: 1) que el
capitalismo no se regulaba a sí mismo. 2) que podía
y debía ser regulado. Estas afirmaciones aparentemente
obvias en el presente, causaron escándalos en ciertos círculos dominantes de la
época. No era para menos. Las mismas además de tirar por tierra un dogma tenido por cierto durante años, ponía
entonces la discusión del asunto de quien o quienes debían ser reguladores y,
por eso mismo, quienes serian los beneficiarios y quienes la victimas de esa
regulación. La receta de John M. Keynes
consistía, sumariamente, en la aplicación de las siguientes medidas: 1- La
regulación de la tasa de interés con el fin de incentivar cuando fuere
necesario la toma de créditos para inversiones. 2- Aumento de
la demanda total para superar la etapa de atascamiento. Este aspecto incluía,
si fuera necesario, la noción de presupuesto deficitario. 3- Que el
Estado mismo llevara a cabo funciones directas de empresario. Surgió así la
parte de las obras publicas del específico keynesiano. Es decir, que aquí encontramos un
razonamiento económico que habla de las funciones del capitalismo y que llama a
la búsqueda de alguna forma de reequilibrio. En otra línea de pensamiento,
Mannheim señalaba, en 1942: “en el presente grado de desarrollo la organización
acertada de la sociedad no puede dejarse al azar” 2.
Refiriéndose al peligro que involucraba no darse cuenta de esto indicaba
“cuando los diversos capítulos de este libro fueron escritos, su autor se
hallaba completamente bajo los influjos de las experiencias producidas por las
tendencias desintegradoras de la sociedad liberal y democrática. Atrajo primero su atención el fracaso del mecanismo
liberal-democrático de la República de Weimar; había presenciado la importancia
de ésta para resolver los problemas de la sociedad moderna de masas. Observó
como, bajo determinadas condiciones sociales, el orden liberal sin plan, se
convirtió en una anarquía; como el principio de “laissez faire” que, en otro
tiempo, mantenía el equilibrio de la marcha social, en este grado de la
revolución vino a terminar en un caos, tanto en la vida política como en la de
la cultura” 3. Bajo esta impresión, el
profesor alemán hace un llamado a las naciones que todavía gozan de una paz
relativa para que “aprendan a dirigir el curso futuro de los hechos mediante
una planificación democrática, evitando así, los aspectos negativos de la
transformación: la dictadura, el conformismo, la barbarie” 4. Encontramos así en el pensamiento
de estos dos hombres prominentes de la época, dos reflexiones dentro de una
filosofía compartida que, simplemente, quieren modernizar: las democracias
capitalistas liberales. Es decir, intentan un salvataje. El pensamiento de
Mannheim pone el énfasis en el hecho de que las fuentes de cohesión y
articulación social se hallan amenazadas por la barbarie de un liberalismo no
regulado. A su vez, también opera como modelo a ser evitado el del apartamiento
o alejamiento más radical que aquellos regímenes que están en la base del
fascismo en Alemania e Italia. Propone así Mannheim una receta de
reorganización institucional. Estamos, pues, ante un momento de
ruptura cultural en el que se cuestionan los fundamentos de un orden que opera
a través de una economía de laissez
faire y de una política estrechamente
liberal, egoísta e indiferente a los reclamos sociales. Las dos posturas que hemos
analizado (Keynes y Mannheim), vienen a proponer la necesidad de implementación
de un nuevo tipo de Estado. Desde diferentes ángulos las dos
convergen en la necesidad de un Estado intervencionista y regulador, para evitar el desequilibrio
socioeconómico y el caos social. Uno alerta sobre la necesidad de intervención
del Estado para salvar al sistema económico. El otro proclama la necesidad de
la intervención para salvar la democracia (entendida en un sentido más amplio
que el liberal). En el plano de las concreciones de
esta clima de ideas ya estaba vigente, en la década del 30, el “New Deal”,
nombre con que se designa a las medidas de política económica dictadas en
Estados Unidos durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt, con el fin de
aliviar los efectos producidos por la crisis de 1929 y la depresión de los 30.
Sus principales objetivos eran conseguir un equilibrio en el mercado y alcanzar
el pleno empleo, con el doble fin de dar trabajo a la gran cantidad de
desocupados existentes y, a la vez, conseguir la reactivación del aparato
productivo mediante el aumento de la demanda. El “New Deal” buscó, en primer
lugar, lograr la estabilidad monetaria. Una vez conseguida ésta, impuso
una política de dinero barato a fin de estimular las inversiones y mantener los
precios. Se favoreció el crédito mediante la creación de nuevos
establecimientos bancarios públicos. A partir de 1935, se promovió también la
recuperación a través de la elevación del poder adquisitivo de los
consumidores, proponiendo a las empresas establecer convenios entre patrones y
trabajadores, respecto a condiciones de trabajo, salarios, etc. Dando impulso,
al mismo tiempo, a la seguridad social. Se creó la “Tennessee Valley Authority” que tenía como misión
realizar diversas obras en el Valle de Tennessee, con el fin de absorber mano
de obra parada. En el agro se reglamentaron precios y se suministraros
créditos. En definitiva, el ”New Deal” significó un paso hacia la intervención
del Estado en la economía y la aplicación de las teorías Keynesianas a la
economía estadounidense. 3) Emergencia de medidas
intervencionistas en la Argentina de la década del 30 Ante las contingencias de la desorganización de las grandes corrientes mundiales de
intercambio y el nuevo cuestionamiento de la división internacional del
trabajo, unidas en la Argentina, A la detención del crecimiento horizontal, los
sectores conservadores deciden, en conjunción con los militares, romper el
orden constitucional. Según Alain Rouquié: “La oligarquía se propone retomar el
poder para defender directamente sus posiciones, quiere determinar ella misma
quien soportará el peso de las dificultades económicas. La participación
política ampliada se venía con la prosperidad. El control político a distancia
ejercido por la oligarquía ya no bastaba en el periodo de “vacas flacas” 5.
La crisis mundial con su correlato
de disminución de las exportaciones argentinas, tanto en volumen como en
precios, llevaron al nuevo gobierno adoptar medidas de ajuste impostergable a las nuevas condiciones externas
6. Importa señalar que la adopción de
estas medidas implica para el Estado la asunción de nuevos roles. Ya no bastaba
esperar que las condiciones del mercado mundial permitieran la vuelta a la
situación vigente antes de 1930 o, aun mejor antes 1914, sino que se hacía necesario
ejercitar políticas nuevas que, por otra parte, respondían también al clima de
ideas arriba esbozado. En el plano de las concreciones del Estado intervencionista defensivo en la Argentina, de la década del 30, citamos a continuación las principales medidas adoptadas en esa época así como las instituciones que se crearon a efectos de llevar a cabo las mismas: 3.1)
Reformas bancarias: -
Se instauró el control de cambios por decretos del 8, 10 y 22 de octubre de 1931 7. -
Se establecieron los permisos previos de cambio para la importación de mercaderías (por decreto
del 10 de noviembre de 1933). -
Por resolución ministerial del 28 de noviembre de 1933, se
instauró el sistema de licitación de cambios (que fue derogado el 2 de enero de
1936) 8. -
Se declaró la obligatoriedad de obtener permisos previos de
cambios para todas las importaciones (decreto del 7 de noviembre de 1938). -
Se creó el Banco Central (Ley n° 12.155 del 28 de marzo de 1935). -
Se creó el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias
(ley 12.157 de 1935). -
Se modificó la Ley Orgánica del Banco de la Nación Argentina
(ley 12.158). -
Se modificó la Ley Orgánica del Banco Hipotecario Nacional
(ley 12.159 de 1935). 3.2)
Reformas fiscales: -
Por medio de numerosos decretos, el gobierno de Uriburu,
eleva los derechos aduaneros y consulares. Estas medidas fueron confirmadas por
la ley 11.588 del 24 de junio de 1932. -
Se creó el impuesto a las transacciones y a las ventas
(decreto del 1° de noviembre de 1931). Fue sustituido por la ley 12.143 del 28
de diciembre de 1934 que creó el
impuesto a las ventas. -
Se implantó el impuesto a los réditos (decreto del 19 de
enero de 1932). El mismo tuvo sucesivas reformas y prórrogas durante la década
(leyes 11.682 y 11.683 del 30 de noviembre de 1932; ley 11.757 del 29 de
septiembre de 1933; ley 12.147 del 28 de diciembre de 1934; ley 12.150 del 8 de
enero de 1935; ley 12.314 del 30 de septiembre de 1936; ley 12.345 del 30 de
diciembre de 1936 y 12.578 del 26 de enero de 1939). 3.3)
Juntas y comisiones: -Se crearon,
entre otras, las siguientes: 1) Comisión
Nacional del Azúcar (decreto n° 702 de 1928, pero sólo se constituyó el 2 de
enero de 1931). 2) Comisión
Nacional de Fomento Industrial ( decreto N° 58 del 15 de enero de 1931). 3) Dirección
Nacional de Elevadores de Granos ( N°11.742 del 7 de octubre de 1933). 4) Junta
Nacional de Carnes ( Ley 11.747 del 7
de octubre de 1933). 5) Junta
Nacional de la Yerba Mate (decreto 30.854 del 8 de noviembre de 1933); por ley
N° 12.236 del 4 de octubre de 1935 fue convertida en Comisión Reguladora de la
Producción y Comercio de la Yerba Mate). 6) Junta
Reguladora de Granos ( decreto N° 31.864 del 28 de noviembre de 1933). 7) Junta
para Promover las Exportaciones de Carne ( decreto N° 46.299 del 27 de julio de
1934, fue disuelta en 1937). 8) Comisión
Nacional de la Industria Vitivinícola ( decreto N° 46.837 del 11 de agosto de
1934; la ley 12.137 del 24 de diciembre de 1934, crea la Junta Reguladora de
Vinos). 9) Junta
Nacional para Combatir la Desocupación ( ley N° 11.896 del 21 de agosto de
1934). 10) Comisión
Nacional de Coordinación de Transporte ( ley N° 12.346 del 5 de enero de 1937). 11) Comisión
de Control de Abastecimiento ( decreto N° 40.890 del 8 de septiembre de 1939;
esta Comisión fue creada para hacer cumplir la ley 12.591 de precios máximos). 12) Comisión
Nacional de Granos y Elevadores (ley 12.253 del 5 de octubre de 1935). En otro orden, debemos
citar otra medida en la cual el Estado demuestra su carácter intervencionista:
la firma del Tratado Roca-Runciman el 1 de mayo de 1933 9. La mayoría
de estas medidas puntuales las podemos ver también como formando parte
integrante de dos planes atribuidos a Pinedo y sus colaboradores. Son ellos el
Plan de Acción Económica Nacional presentado en 1933 y el Plan de Reactivación
Económica de 1940. Es
importante tener en cuenta lo que significa la palabra Plan en este
momento. Como señala E. Domenech: “ La mayoría de las prescripciones que
configuraron esta política de intervencionismo defensivo, fueron concebidas por
sus inspiradores y ejecutores como constituyendo parte de un plan, entendiendo
el término en esa oportunidad como un conjunto de medidas que guardan entre sí
alguna coherencia, dispuestas en
función de un objetivo inmediato10. Al
presentar Pinedo su primer Plan, en noviembre de 1933, decía: “El país requiere
un Plan. Terminada la tarea preliminar de saneamiento financiero, ha llegado el
momento de presentarlo. Lo hace el gobierno con la conciencia de su grave
responsabilidad y persuadido de que una crisis larga e intensa como ésta, que
puede llegar a conmover la estructura entera de la Nación, no ha de vencerse
con las normas tradicionales de la acción administrativa”11. El 1939 la
guerra mundial origina otra serie de alteraciones en el comercio internacional,
que obliga a la Argentina a tomar diversas medidas de urgencia, como el
racionamiento de ciertos artículos, la fijación de precios, etc. En esa
circunstancia, nace el segundo Plan Pinedo. El Plan de Reactivación Económica
es presentado ante el Senado en 1940, allí logra su aprobación, pero, antes de
que llegue a Diputados, el ministro de Hacienda se ve obligado a renunciar. En
síntesis: El Plan de 1940 proponía contrarrestar las consecuencias que la
disminución del comercio exterior tenia sobre los productos agropecuarios,
comprando el Estado los excedentes de las cosechas; para tal fin, preveía como
fuente de financiación los beneficios de cambio. Pero, como
bien advertía Pinedo “ no basta la compra de excedentes a fin de dar al
movimiento económico el ritmo que conduzca al más alto grado de ocupación. Es
indispensable pensar otros estímulos. Ninguno más eficaz que el de la industria
de la construcción, tanto por la amplitud y extensión de sus efectos, como por
la rapidez con que se sienten en el organismo económico”. A ello agregaba: “ Se
ha expresado ya que el Estado no se ocupará directamente de construir edificios
sino de facilitar en todas las formas posibles el desenvolvimiento de la
construcción”. A su vez, añadía: “Para que la industria salga más vigorosa y
diversificada de esta situación anormal
(segunda guerra mundial-siglo XX) es necesario ante todo mantener y
desarrollar la demanda de sus artículos y asegurar facilidades de financiación
para sus inversiones fijas y la adquisición o sustitución de sus equipos. La
demanda de productos industriales será el resultado inmediato de las medidas
anteriormente examinadas, tendientes a desarrollar el poder de compra de la
población”. El financiamiento se proveería del siguiente modo: “ mediante la cooperación
del Banco Central, los bancos de plaza y el capital financiero, las industrias
solventes podrán disponer de recursos a plazos intermedios que podrán llegar
hasta quince años en casos excepcionales
y a tipos de interés tan bajos
como sea posible”12. Importa
destacar el papel que Pinedo atribuía a la industria: “ El país
necesita recurrir decididamente a su industria para suplir en lo que sea
posible lo que no puede pagar o importar, y evitar el grave mal de la
desocupación. Ello no significa, desde luego, que toda industria debe ser
fomentada. Debemos precavernos del error de promover aquellas producciones que
tiendan a disminuir las importaciones de los países que sigan comprando
nuestros productos en la medida suficiente para pagar esas importaciones, de lo contrario, crearemos nuevos
obstáculos a las exportaciones: hay que importar mientras se pueda seguir
exportando”. Y sintetizando aun más esta premisa, afirmaba: “ La vida económica
del país gira alrededor de una gran rueda maestra que es el comercio
exportador. Nosotros no estamos en condiciones de reemplazar esa rueda maestra
por otra, pero estamos en condiciones de crear al lado de ese mecanismo algunas
ruedas menores que permitan cierta circulación de la riqueza, cierta actividad
económica, la suma de lo cual mantenga el nivel de vida de este pueblo a cierta altura”13. Y, señalando nuevamente el estrecho
sentido de la palabra Plan, sostuvo: “el país requiere un plan de acción. Hay
que darle un programa simple, de buen sentido, sin trascendencia doctrinaria”14. Como
señala E. Domenech al respecto: “Del
análisis del plan Pinedo de 1940 tanto como de las medidas puestas en práctica
desde 1930, pueden extraerse algunos lineamientos generales que resumen las
características más salientes de la nueva conducción económica: 1) la crítica
coyuntura económica y social por la que atravesaba el país, exigía acciones
resueltas por parte del Estado; 2) esas acciones, para resultar eficaces,
debían encajarse en forma orgánica a través de conjuntos de medidas coherentes
e interdependientes y ; 3) la gestión estatal era concebida, en ultima
instancia, con una intervención necesaria pero transitoria”15. Con el
mismo alcance indican L. Montuschi y V.
Vasquez Presedo: “ los dos intentos – el de 1933 y el de 1940 – no constituyen
planes en el sentido que hoy damos a esta palabra. Sólo se trataba de intentos
de reunir un conjunto de posiciones y medidas tendientes a favorecer la
expansión de ciertos sectores. Sin embargo, permitieron tomar conciencia de que
el Estado debía intervenir para orientar procesos de índole económico-social”16. Hasta
aquí, advertimos que el Estado liderado en esta etapa por los sectores conservadores en su alianza (Concordancia) con
el radicalismo antipersonalista y el
socialismo independiente, va tomando formas de un Estado intervencionista
defensivo (es decir, de un Estado que toma bajo su responsabilidad la
implementación de medidas reguladoras de la actividad productiva, entre sí y en
su relación con el mercado mundial, pero con el único propósito de resguardar a
los sectores dominantes de los efectos nocivos de la merma registrada en sus
ventas). Ahora consideramos oportuno registrar lo que va sucediendo en esos
años en el ámbito militar. La ruptura del régimen constitucional, en
septiembre de 1930, coloca a los militares en el estrado político. Durante los
primeros dos años éstos se hallan directamente involucrados en el gobierno;
luego, a pesar de que el nuevo presidente, Agustín P. Justo, es un militar, las
elecciones realizadas para elegirlo, aunque fraudulentas, dan un tinte
relativamente “constitucionalista” al gobierno. Existe un Parlamento y varios
de los ministros son civiles. Sin embargo, los militares van asumiendo diversas
funciones extra- militares hasta entonces reservadas a los civiles. Esto se
continúa durante las presidencias de Ortiz y Castillo. Diversas
medidas adoptadas durante la década,
ponen de relieve la consolidación y organización de la burocracia militar. En 1931,
Uriburu crea la Escuela Superior Técnica, “contraparte tecnológica de la
Escuela Superior de Guerra”, que había sido creada en 1901. Esta institución
reemplazó al curso avanzado que se impartía hasta entonces en el Colegio
Militar y se dedicó al perfeccionamiento de los ingenieros militares. Su primer
director fue el teniente coronel Manuel Savio. Durante el
gobierno de Agustín P. Justo, se trata de asegurar el perfeccionamiento técnico
de los cuadros, mejorar la organización de las unidades y dar un entrenamiento
completo a las tropas. Se inaugura en San Nicolás, la Escuela de Zapadores y
Pontoneros. Por otra parte, se decide enviar a los mejores ingenieros militares
a las academias e instituciones militares europeas a fin de que se pongan al
día en lo concerniente a los últimos adelantos técnicos mundiales en el arte de
la guerra. Se crean la Dirección de
Institutos Militares y la de Material del Ejército, dentro del organigrama del
Ministerio de Guerra. Pero, según Alain Rouquié, “el signo distintivo de la
política militar de Justo puede encontrarse en el capítulo de las
construcciones militares”17. Entre
otros, se inician los trabajos para edificar el nuevo Ministerio de Guerra, se
inauguran los locales del Colegio Militar en el Palomar, se construyen los
edificios de la Escuela de Aviación de Córdoba, el Hospital Militar de Campo de
Mayo y se compra el Palacio Retiro para instalar la nueva sede del Círculo
Militar, con un primer subsidio del Estado. El hecho de que los militares en septiembre
de 1930 hayan realizado una opción claramente política a favor del nuevo
régimen, así como su desempeño extraprofesional como “garantes del orden”, en
las elecciones fraudulentas que les sucedieron, puso el tema de la política en las discusiones cotidianas del sector
militar. Por otra parte, aún en un
ámbito más profesionalista, la situación internacional durante la década, antes
de la declaración de la segunda guerra mundial, contribuyó a que muchos
militares clamaran por cierto tipo de soluciones de carácter económico-
político.18 Es en esta
situación donde se desarrollan las tendencias industrialistas en las Fuerzas
Armadas. Un sector de ellas piensa que el Estado debe tomar la iniciativa
creando barreras aduaneras eficaces y empresas estatales o mixtas que permitan
contar con las industrias básicas,
necesarias para la fabricación de armamentos. Estas ideas tienen concreción en
los siguientes hechos: en 1935 se funda la primera Fábrica Militar de Aceros,
que debía producir material de las calidades y características más aptas para
la defensa; en 1936 se crea la Fábrica Militar
de Río Tercero, para cubrir las necesidades de pólvoras, explosivos y
materiales pirotécnicos y también la Fábrica Militar de Armas Portátiles
Domingo Matheu; en 1937, se pone en marcha la Fábrica Militar de Pólvoras y
Explosivos de Villa María. A su vez,
en 1937, se organiza el Cuartel Maestre General, con él la responsabilidad de
previsión y ejecución del abastecimiento, deja de pertenecer exclusivamente al
Ministro de Guerra, lo que es signo de mayor
profesionalización. Entre sus fines se destaca: “el fomentar el
desarrollo de las ramas de la industria y de la producción que interesen
directamente a las necesidades de la defensa nacional”. Durante la
presidencia de Ortiz, se asiste a una importante reorganización de las
estructuras militares. Se crean varios nuevos comandos, entre ellos, el Comando
de Caballería del Ejercito, con asiento en Campo de Mayo. La división en regiones y distritos militares es
modificada, estableciéndose circunscripciones más pequeñas. Se crea también el primer Liceo Militar, en
1938. 4) Período
de la guerra mundial Así como
la crisis de 1930 y sus consecuencias, trajo consigo el intervencionismo
estatal, la segunda guerra mundial aparejó la necesidad de la planificación. El
intervencionismo se impone por la crisis y se redefine con la guerra,
convirtiéndose en planificación. La desorganización económica mundial y la
ruptura de los circuitos comerciales, consecuencia de la guerra, impuso la
necesidad de planificar las economías y de prepararse para los tiempos de la
postguerra. Así
surgieron innumerables instituciones públicas y privadas, dedicadas al estudio
de los problemas que se debían enfrentar una vez que el conflicto hubiera
concluido. El ing. Torcuato Di Tella, refiriéndose a este punto, expresa en una
exposición dictada en 1943, “... he pronunciado la palabra mágica de estos
días: Plan, Planificación. Todo el mundo habla de planes. De 5, 6 ó 10 años. La
manía de la planificación lo ha invadido todo”. En esa misma oportunidad da
cuenta de que, en abril de 1942, “había en los Estados Unidos más de doscientas
instituciones publicas y privadas dedicadas al estudio de los distintos
problemas de la postguerra. Algunos son órganos del Estado como la National
Resources Planning Board ( Ofic. de Planeamiento de los Recursos Nacionales),
la más importante de todas, y a la que el presidente Roosevelt confió la misión
de reunir y analizar todos los planes constructivos para la acción pública y
privada, después de la guerra”.19 En Inglaterra, asimismo, se confió al
economista William Henry Beveridge, en 1942, la presidencia de un comité para
elaborar un informe (denominado después Plan Beveridge) sobre seguridad social
que, a partir de 1945, sirvió de base al gobierno laborista para sus reformas
sociales. En los Estados Unidos se encargó en la misma época a la Oficina de Planeamiento
de los Recursos Nacionales, la preparación de un plan de pensiones que se dio
en llamar “el plan Beveridge americano”. Interesa destacar el hecho de la importancia
que se brinda a los planes de seguridad como los citados arriba. A fin de
comprender su significado, además de vislumbrar lo que a política económica se
refiere, en cuanto significan mayor poder de compra de los asalariados y la
consecuente mayor demanda y actividad económica, hay que notar que estos planes
tienden a lograr una mayor integración social. No sólo
está en la mira de la planificación que se ejercita el ordenamiento económico
de la sociedad, sino su ordenamiento social. Se busca crear las condiciones
para evitar la desintegración social y el caos y se considera que esta tarea
debe ser abordada por el Estado. 5) Argentina
durante el periodo de la guerra mundial. La segunda
guerra mundial profundizó aún más el proceso de sustitución de importaciones20 iniciado en la década del 30. Así como
la primera gran guerra fue el primer estímulo externo que recibió la industria
nacional y la crisis del 29 el segundo, la ultima guerra mundial “ con la
imposibilidad de importar diversos artículos de consumo que abastecían a la
población, sumada al hecho de que la producción de tipo bélico absorbía las
energías productivas de las principales potencias mundiales”21, significó el tercer estimulo externo.
En este momento la producción manufacturera argentina no sólo se dedicó al
mercado interno sino que, también, en parte, se exportó. En los años de la
guerra, “el 20% de las exportaciones argentinas estaba constituido por
artículos manufacturados”.22 En un
mundo resquebrajado por el conflicto
bélico, la Argentina asiste, en esos años, a una etapa de crecimiento y
prosperidad. Los industriales, obviamente, estaban interesados en la
profundización del desarrollo industrial; pero también en este momento, la
misma preocupación la compartían con los militares, interesados más que nunca
en el problema de las dependencias estratégicas.23 El
gobierno de Castillo satisface a estas demandas militares: en octubre de 1941,
por ley 12736, se crea la Flota Mercante del Estado, adquiriendo barcos extranjeros
inmovilizados por la guerra en puertos argentinos. La Flota se coloca bajo
control del Ministerio de Marina. Por ley
12709 se organiza, a instancias del Ejército, en 1941, la Dirección General de
Fabricaciones Militares como entidad autárquica. En su
artículo tercero se establece entre sus misiones: “a) realizar estudios,
investigaciones y estadísticas consecuentes al conocimiento de las
posibilidades industriales del país, relacionadas con la producción de materias
primas y elementos de guerra y con la preparación de la movilización industrial
correspondiente; b) elaborar elementos
de guerra; c) realizar exploraciones y explotaciones tendientes a la obtención
de cobre, hierro, manganeso, wolfram, aluminio y demás materiales necesarios
para la fabricación de materiales de guerra; d) construir las obras necesarias
a los fines de esta ley ; y e) fomentar
las industrias afines que interesen al
cumplimiento de esta ley”. Importa
señalar esta serie de hechos, pues son demostrativos del poder de presión que
adquieren los sectores militares y la dirección pro- industrialista que el
mismo adquiere. Esto va a tener importantes consecuencias en los años
posteriores.24 Con miras
a evitar lo ocurrido al finalizar el primer conflicto bélico mundial, momento
en el cual se disiparon en la Argentina los esfuerzos industrializantes
realizados durante la conflagración, se levantaron diversas voces clamando por
la profundización de este proceso. El fin de la guerra, de no tomarse medidas
adecuadas, significaría una involución en este sentido, con la consiguiente
amenaza social generada por la desocupación contaminante.25 Se
discutieron públicamente las consecuencias que sobre la economía y la sociedad
argentina tendría la finalización de la contienda, con el fin de estar
preparados para la situación de postguerra. Debemos destacar que en este momento
confluían diversos intereses en pro del intervencionismo del Estado, además de
las ya citadas demandas militares. Se tenía conciencia de la necesidad
imperiosa de esta intervención. El intervencionismo de Estado es requerido
tanto por grupos de presión de la sociedad civil y de la sociedad militar, como
por algunas instituciones u organismos del mismo gobierno. Así, el Banco Central, en su memoria del año
1942, identificaba: “se ha querido expresar la convicción de que si se procede
juiciosamente en estos tiempos de emergencia y el país se esfuerza, con actos
deliberados de energía y previsión, en
afrontar situaciones que no se resuelven espontáneamente se encontrará luego en
condiciones tanto más favorables para influir sobre su economía interna y
participar en la reconstrucción de la economía internacional con hondo y
auténtico sentido de las conveniencias nacionales”. La Unión
Industrial Argentina (UIA) promueve en 1942 la constitución de un Congreso
Permanente para el Estudio de los Problemas de Postguerra y de la Economía en
General del país. Participan también la Sociedad Rural Argentina, la Bolsa de
Comercio y la Confederación Argentina de Comercio. A su vez, en el mismo año,
la UIA había creado el Instituto de Estudios y Conferencias con el fin de
difundir sus ideas.26 Las demandas de los industriales son también incorporadas dentro de una elaboración intelectual más ambiciosa que, simultáneamente, habla de la necesidad de un reordenamiento económico y de un reordenamiento social. Su vocero principal es la Revista de Economía Argentina, cuya figura más prominente es su director, el Ing. Alejandro Bunge. En sus páginas vertían opiniones tanto intelectuales como empresarios o funcionarios públicos destacados. Si bien desde su aparición en 1918, la
Revista proponía diversas medidas proteccionistas de la producción nacional, y
alababa aquéllas puestas en práctica en los Estados Unidos siguiendo las pautas
keynesianas, es a partir del inicio de la segunda guerra cuando estos
intelectuales encuentran una vía de entrada más expedita para sus ideas. Algunos de
estos intelectuales estaban imbuidos de la ya difundida Doctrina Social de la
Iglesia o Catolicismo Social.27 Es
menester señalar que esta línea de pensamiento es otra parte de las propuestas
de organización económico social que conforman el clima de ideas vigente en la
época. Aunque su difusión y aceptación es más limitada en el espacio que las
ideas anteriormente señaladas, enraizando especialmente en países católicos.
Central a este pensamiento es el llamado a un cierto intervencionismo de parte
del Estado, para brindar bienestar a los trabajadores y evitar los abusos de la
libre competencia, a los efectos de suprimir el clima propicio a las ideologías
de revuelta social.28 La Revista
de Economía Argentina, a través de diversos artículos, vierte, durante los años
de la guerra, su decidida opinión a favor de la planificación de la economía y
del rol rector que en este punto debe asumir el Estado. En el número de enero
de 1943, se publica el discurso que pronunció el Dr. Saavedra Lamas en
diciembre de 1942, donde expresa: “Seria el caso de estabilizar para siempre
la creación de un organismo de asesoramiento, como el que tan espontáneamente
ha ensayado la UIA. Existen instituciones análogas en casi todas las naciones
del mundo; en América puede ser considerado un modelo el creado por Brasil,
bajo la alta dirección del propio presidente, o en Chile, donde se han
coordinado con acierto los órganos administrativos, juntas reguladoras o
autárquicas, tantas veces establecidas entre nosotros con superposiciones o
interferencias que convendría armonizar. En mi opinión, debería gestionarse con
empeño en las primeras sesiones de nuestro Parlamento una ley al respecto, si
no se considera más rápido o eficaz crear el organismo por decreto o acuerdo de
gobierno... La eficiencia del progreso nacional que anhelamos requiere la
integración en sus fases diversas de regímenes que contemplen simultáneamente
el trabajo y la producción”. En abril y mayo de 1944 la Revista publica un
artículo del Dr. García Olano con el título “Anteproyecto de plan económico
argentino para la postguerra”, en el cual se indica: “... Habiendo
señalado ya que no será posible dejar que el libre juego de los problemas
económicos y la iniciativa privada exclusivamente, traten de resolver los
problemas de postguerra, porque no será posible en esta forma obtener el más
racional desarrollo de la producción, del consumo y evitar la desocupación,
queda por plantear quién deberá dirigir y planear la actividad económica
futura... No tenemos duda que en todos los países del mundo será el Estado
quien tomará a su cargo esta tarea... El Estado moderno deberá y estamos
seguros conseguirá el apoyo de todos los interesados (productores, consumidores
y gremios obreros) para que bien asesorados los estadistas (no los simples
funcionarios) puedan planificar en la mejor forma posible”. En junio de 1943 se produce el golpe militar,
realizado por sectores que coinciden en desplazar al gobierno de Castillo y en
terminar con la política del fraude. Una vez realizada la operación militar, el
nuevo régimen está envuelto en una serie de conflictos internos en torno a las
distintas políticas a seguir; la más importante de ellas, la política respecto
a la posición argentina ante el conflicto mundial. Una vez
resueltos estos conflictos y
homogeneizado el grupo directivo, el gobierno comienza a enfrentar los problemas
urgentes del desarrollo del país. Es en esta situación cuando el gobierno
surgido de la revolución, promulga el decreto N° 23.847, del 25 de agosto de
1944, creando el Consejo Nacional de Postguerra como órgano consultivo del
vicepresidente de la Nación, el entonces coronel Juan Perón. El organismo tiene
la finalidad de realizar los estudios necesarios para elaborar un plan de
ordenamiento económico- social del país. La importancia del Consejo se
encuentra en el hecho de que constituye el primer intento orgánico de
planificación en la Argentina.29 En el
2do. considerando, del mencionado decreto, podemos leer: “Si bien
los problemas sociales han sido con frecuencia abordados sin tener en cuenta la
conexión que guardan con los demás factores que integran el complejo económico
nacional, las excepcionales circunstancias del momento presente exigen que
marchen firme y prudentemente orientados hacia la consecuencia de un objetivo
común, claramente precisados y con un vigoroso impulso perseguido”. Dando
cuenta de la impostergable necesidad de la planificación y del papel que al
Estado le incumbe prosigue:”... la desarticulación provocada por la guerra en
la economía mundial requiere igualmente prever las soluciones aplicables a las
necesidades apremiantes de postguerra a fin de que el Estado, sin alterar los
principios de la libertad económica, tanto para los productores como para los
consumidores, estimule su propósito inquebrantable de perfeccionar los
conocimientos técnicos, aumentar el rendimiento, mejorar de modo efectivo las
condiciones de trabajo o de vida de los trabajadores, fomentar el progreso de
la clase media y estimular el capital privado en cuanto constituye un elemento
activo de la producción y contribuye al bienestar común”. Los
objetivos que el Consejo persigue son tanto de corto como de largo plazo, así
lo demuestra la parte resolutiva del decreto 23.847 que le atribuye las siguientes misiones y funciones: “1°)
Proponer la coordinación, planificación y ejecución de todo lo referente a
cuestiones de carácter social y económicas ” “2°) De
modo especial considerará las cuestiones siguientes: a) situación
económico social del momento presente; b) posibles
desequilibrios determinados por la repercusión inmediata de la terminación de
la guerra y el pasaje a la paz; c) determinación
de las nuevas características y formas que convenga adoptar y aplicar en las
relaciones económicas en el orden
interno como externo; d) fijación
de los objetivos a alcanzar una vez restablecida la normalidad de la postguerra
y de acuerdo con las modalidades que se prevea caracterizarán el porvenir
económico social; e) proposición
inmediata de medidas y disposiciones, cuya aplicación convenga hacer desde este
momento para salvar las dificultades que puedan presentarse y ajustando
aquellas a los principios del respeto, justicia y solidaridad”. El Consejo
Nacional de Postguerra debía preparar en primer lugar un amplio y detallado
diagnóstico de la situación, que permitiera conocer la realidad económico-
social del país. Al respecto señala Cafiero: “ Por primer vez se intentaba en
el país el acopio de una información completa y sistemática de los principales
problemas nacionales en el orden económico y social”.30 Por otra parte, debía definir las
políticas que recomendaba con respecto a la solución de cada uno de los
problemas.31 Se crearon distintas
subcomisiones técnicas encargadas de cuestiones concretas y determinadas:
Finanzas, Trabajos Públicos, Comercio Exterior, Orientación Industrial, Defensa
Industrial, Minas y Canteras, Colonización, Desocupación, Enseñanza
Profesional, Inmigración y Encuestas Especiales. En septiembre de 1944, el
Consejo remitió al Ministerio de Agricultura y a la Secretaria de Industria y
Comercio, el Plan de Ejecución Inmediata, relacionado con las medidas que cada
área debía adoptar. El Consejo
tiene otra característica que se da por primera vez en la argentina,
“constituye el primer foro económico- social del país en el que estuvieron
representados los empresarios, los obreros y el Estado, con el objeto de
regular al unísono las condiciones de la producción y la protección de los
trabajadores en sus salarios, fuentes de trabajo y calidad de vida”.32 La presidencia del nuevo organismo fue
otorgada a Perón y su Secretaria General fue ejercida por el Dr. Figuerola.33 De parte del Estado había
representantes de diferentes ministerios, secretarias, direcciones, etc.:
Defensa Nacional, Trabajo y Previsión, Industria y Comercio, Hacienda,
Agricultura, Obras Publicas, Relaciones Exteriores, Ganadería, Migraciones,
Aprendizaje y Orientación Profesional, Racionamiento, Banco Nación, etc. Por
decreto 19288, del 22 de agosto de 1945, se encomendó a la Comisión Permanente
del Consejo Nacional de Postguerra la elaboración de un plan mínimo de acción
para el período de postguerra.34 Cumpliendo
con los objetivos señalados en el decreto de creación del Consejo Nacional de
Postguerra se publicó meses después el Ordenamiento Económico Social. El mismo
tiene fundamental importancia porque fija los principios de política económica-
social que rigen la acción del organismo y del gobierno. Estos son: “1)
inalterabilidad del principio de libertad económica; 2) estímulo necesario a la
producción indispensable para el desarrollo de la economía nacional; 3) fomento
de las industrias; 4) estímulo al capital privado; 5) utilización de toda la
mano de obra disponible, tratando de mantener el máximo nivel de ocupación
posible; 6) justo equilibrio entre todos los sectores y factores de la
producción; 7) intensificación del intercambio comercial; 8) mejorar las
condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, mediante la regulación y
fijación de las condiciones mínimas en que deberá prestarse el trabajo; 9)
colaboración entre las organizaciones patronales y de trabajadores, buscando la
armonización de sus intereses; 10) desarrollo de un amplio programa de
seguridad social”.35 De sus
análisis surge la diferencia fundamental que existía entre este plan y los que
implementaron en la década del 30. Esto no sólo en cuanto a su alcance de más
largo plazo y su organicidad, sino en lo atinente a la pretensión de atender,
en su determinación recíproca, los
problemas de orden económico y social. Como dice el Dr. Figuerola (h): “la
misión principal del Consejo era organizar la Nación”36. Con respecto a esta intención de
organizar la sociedad en su conjunto, se señala en el Ordenamiento: “ Todo el proceso de la economía nacional
requiere un plan estable y sistemático, el ajuste a un orden predeterminado
como única forma de proporcionar regularmente beneficios positivos a la
población dentro de un próspero desarrollo de todas las fuerzas económicas. Y
esa planificación de la economía nacional debe estar íntimamente vinculada a
los problemas sociales, porque la solución de estos y de los económicos no
podrá hallarse jamás si se pretende tratarlos en forma aislada, en lugar de
considerarlos conjuntamente... Los principios inspiradores de la política
económico social han de ser de una eficacia tal que, al par que contribuyan al
incremento y próspero desarrollo de las empresas comerciales e industriales,
permitan a éstas, poner ese mismo progreso estimulado reconocer el derecho que
tienen las clases trabajadoras de disfrutar de un bienestar moral y material
concorde con su propia condición humana”. Debemos destacar que el gobierno asume con la
creación del Consejo Nacional de Postguerra una misión directriz de gran
importancia, en la cual quizás sus mayores aportes sean la realización de los
estudios de diagnóstico precisos y sistemáticos, imprescindibles para toda la
acción orgánica futura y las propuestas de medidas tendientes a asegurar el
crecimiento económico y el desarrollo de la seguridad social. Por otra parte,
el Consejo Económico Social, como órgano consultivo del mismo, (trabajadores,
empresarios y Estado) constituye un modo nuevo de tratar los problemas
socioeconómicos. En ese sentido, el Ordenamiento atribuye al Estado un rol
nuevo en la Argentina “ser el fiel de la balanza Capital- Trabajo” (Cap. II). Otro papel
inédito para el Estado es el de “trazar las grandes directivas económicas y
sociales” pero con limitaciones: “sin intervenir en la actividad de los
industriales, comerciantes o consumidores”37.
Es preciso
señalar que el fin último que se le atribuye a la acción estatal “es el
bienestar social” y sólo como fines secundarios los de “obtener el equilibrio
de las fuerzas productivas argentinas y elevar la renta nacional”38. El fomento propuesto para la industria por la
respectiva Comisión tenía un carácter limitado, discriminando del mismo a las
consideradas industrias “artificiales”. Según señala J. Oyuela 39 :”Los acontecimientos de octubre de
1945, con el alejamiento del coronel Perón de las funciones públicas que
detentaba, inactivaron el Consejo Nacional de Postguerra. No obstante,
celebradas las elecciones de febrero de 1946, Figuerola y Miranda, prepararon
un paquete de medidas de orden financiero, bancario, crediticio y monetario,
que fueron sancionadas empleando el fácil arbitrio de los decretos- leyes”40. Así se nacionalizó el Banco Central,
le fue conferida garantía de la Nación a todo depósito bancario, se creó el
Instituto de Reaseguros y el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio
(IAPI), y fueron reformadas las Cartas Orgánicas de los Bancos Central, Nación,
Hipotecario y de Crédito Industrial. La labor
del Consejo Nacional de Postguerra se continuó después en la Secretaria Técnica
de la Presidencia de la Nación, creada por el decreto N°1 del 4 de junio de
1946, por el entonces presidente Perón, permaneciendo a cargo del Dr.
Figuerola. Al igual que su antecedente, la Secretaria Técnica tenía como cuerpo
consultivo anexo el Consejo Económico y Social, integrado por representantes
del Estado Nacional, de los empresarios y los trabajadores.41 En 1949,
en razón de la sanción de la nueva ley de ministerios, la Secretaria Técnica se
convirtió en Ministerio de Asuntos Técnicos y estuvo a cargo del Dr. Raúl
Mendé. En 1954, nuevamente pasó al rango de Secretaria, esta vez de Asuntos
Técnicos. Por el
decreto N° 23477, del 20 de diciembre de 1946, se dispuso que el estudio,
dirección, coordinación y fiscalización del Plan de Gobierno 1947-1951,
correspondía a la Presidencia de la Nación, a través de la Secretaria Técnica.
La elaboración de lo que después se llamó el Primer Plan Quinquenal se basó en
los estudios y propuestas del Consejo Nacional de Postguerra. 6)
Conclusiones Según se puede advertir en
nuestra exposición, no nos hemos propuesto ni un análisis detallado ni una
evaluación a fondo de las medidas intervencionistas, sino visualizar el
desarrollo de la “idea del plan” y la redefinición del intervencionismo que se
opera a partir de le segunda guerra mundial. Producida la revolución del 4 de junio de
1943, se asiste a la transformación de carácter del Estado. Se pasa de un
Estado intervencionista defensivo a un Estado Planificador del desarrollo. Este
hecho ocurre como consecuencia de los nuevos juegos de fuerzas que tenían lugar
en la época y que tuvieron su origen en la década anterior, como consecuencia
de la adecuación a las nuevas condiciones impuestas por la crisis del 30 y por
la guerra. Nos referimos al lugar más prominente del sector industrial dentro
de las clases dominantes, a la formación de un vasto proletariado urbano y
además a la consolidación de la burocracia militar, en una posición de
creciente envolvimiento en actividades económicas al servicio de la defensa. Hay un clima de ideas imperante en el mundo
de la época que se mueve consensualmente en la dirección de las políticas de
planificación. Como se expresa bien en
las palabras de Mannheim: “ Hoy no es posible elegir entre planificación o no
planificación, sino entre buena y mala planificación”.42 Siguiendo el razonamiento de Oscar Oszlak43 podríamos decir que una de las
“cuestiones” que se plantea a partir de la década del 30 es el papel que el
Estado debe asumir para reproducir el orden social que se va conformando. Así
del juego de fuerzas cruciales, surge la necesidad de un Estado intervencionista
defensivo que crea diversas instituciones estatales reguladoras. La segunda
guerra, acelera la industrialización y, su próximo fin, redefine este
intervencionismo estatal en la línea de la planificación. Según surge del
análisis de los postulados y realizaciones del Consejo Nacional de Postguerra,
la planificación que resulta es de tipo indicativo, en lo concerniente al
sector privado de la economía. Sin embargo, es de fundamental importancia el
hecho de que no es sólo una planificación de tipo económico sino que se propone
reordenar la sociedad en su conjunto. No está ausente en esta intención, según
lo expresara Perón en diversas oportunidades, el crear una sociedad
estabilizada, basada en el bienestar social, que permitiera soslayar las amenazas
de la agudización de los conflictos sociales. Aquí es posible reconocer la
gravitación que, dentro de esta propuesta institucional, tiene el pensamiento
de las FFAA que otorgan una importancia fundamental a la necesidad de
trascender un clima social proclive a la propaganda marxista. Hay, pues,
un cambio apreciable a lo largo de los años en el rol del Estado en la
Argentina pero, debe ser igualmente subrayado que en términos comparativos, los
nuevos roles estatales están circunscriptos por las características de la
conformación y de la relación de fuerzas en el interior de las clases
dominantes. La existencia de una poderosa burguesía agraria y de un sector
industrial diferenciado, limitan el grado de penetración del Estado que se
adecua a un patrón de desarrollo económico de tipo liberal. Un ejemplo
contrastante es el de Brasil, en donde el Estado asume, en primera persona las
tareas de gestión y la creación de las fuentes de crecimiento económico,
sustituyendo las debilidades de las clases empresariales modernas. Tal es la
caracterización que Cardoso y Faletto hacen de la experiencia brasileña en la
que “ el Estado surge como un instrumento no sólo de regulación del sistema
industrial, sino también como instrumento directo de su constitución, a través
de la creación de empresas públicas, autárquicas o para- estatales”.44 Brasil
logrará -con el devenir de los años- configurar una estructura industrial más
integrada y sólida que la de su vecino. La
diferencia con la situación argentina “no está dada por la inexistencia (de
grupos privados capaces de servir de instrumentos de capitalización para el
desarrollo industrial) sino por su menor gravitación económica y principalmente
por su imposibilidad de imponer una política de industrialización liberal”.45 Es, pues, dentro de este marco comparativo
que ha de situarse la propuesta de reorganización económico social que está en
la base de la creación del Consejo Nacional de Postguerra. 1 “El intervencionismo de los Estados apareció, no como la consecuencia de doctrinas o teorías puestas en función caprichosamente, sino como una necesidad para la defensa de la vida económica exterior e interna de cada nación” (en: Salvador Oría, Argentina y la nueva economía. Intervencionismo defensivo, Peuser, Bs.As., 1944,p.64). 2 Karl Mannheim: Libertad y planificación, Fondo de Cultura Económica, México, 1942. 3 Karl Mannheim, op. Cit. 4 Karl Mannheim, op. cit.. 5 Alain Rouquié- Poder militar y sociedad política en la Argentina, Emecé Editores, Buenos Aires, 1981, pag. 222 6 Según
Rouquié: “La depresión mundial afectó gravemente a un país cuya economía se
encontraba totalmente orientada hacia el mercado internacional. El comercio
exterior proseguía su curso descendente. El valor de las exportaciones
argentinas decrecía inexorablemente desde 1929. El intercambio total que
alcanzaba a 1.815 millones de pesos oro en 1929, cayó a 1.157 millones en 1931
y a 934 millones en 1932. Las exportaciones que superaban los mil millones de
pesos en 1939 bajaron bruscamente hasta 566 millones en 1932”. (op. cit, p. 253). 7 “Estos decretos se proponían controlar las operaciones de cambio, englobándolas en un mercado único y cerrado, regulado por una comisión ad hoc que fijaba periódicamente el valor de las divisas. A ese valor debían venderlas obligatoriamente los que las poseyeran (exportadores, etc.) y podrían adquirirlas los que las necesitaran”(Alejandro Bunge: Una Nueva Argentina, Edit. Kraft, Buenos Aires, 1940, p. 274) 8 “ Se dispuso que las divisas que los exportadores debían vender obligatoriamente al gobierno, serian ofrecidas diariamente por este, previa reserva de la cantidad necesaria para atender los servicios de la deuda externa, en licitación pública y a los mejores postores, entre los importadores autorizados; y la diferencia, o margen de cambio entre el precio de compra y el de venta, constituía una ganancia para el gobierno, que este destinaba a compensar la diferencia de cambio en los pagos que el mismo gobierno debía realizar al exterior, y a sostener los precios básicos de los cereales, como recurso para algunas juntas, etc.” (Alejandro Bunge, op. cit., p. 273) 9 El también denominado Tratado de Londres se firma con el fin de resguardar a los sectores exportadores de carne enfriada de los efectos negativos que tendría la aplicación del tratado de Ottawa de 1932. Los acuerdos fundamentales del Tratado Roca- Runciman son los siguientes: “Gran Bretaña se compromete a no reducir durante tres años las cuotas de importación de carne argentina fijadas unilateralmente en Ottawa. Argentina concede al pabellón británico el monopolio del transporte de sus exportaciones de carne y acepta gastar las divisas obtenidas por esas ventas únicamente en el mercado del Reino Unido. Además se acuerda dar un tratamiento preferencial a las importaciones inglesas: se mantienen libres de derechos los productos que no los pagaban hasta entonces y se vuelve a las tarifas de 1930 para los restantes. Finalmente, la Argentina promete un tratamiento benévolo al capital británico”(A. Rouquié, op. cit, pag. 255) 10 Enrique Domenech: La planificación económico- social, s.ed., Buenos Aires,1968.pag.22 11 Ministerio de Hacienda y Agricultura de la Nación- Plan de Reactivación Económico Nacional, Talleres Gráficos de la Penitenciaria, Bs.As., 1934, pag.90. 12 Ministerio de Hacienda y Agricultura de la Nación, op.cit. 13 Ministerio de Hacienda de la Nación, Discurso del Sr. Ministro de Hacienda en ocasión de la presentación del Plan de Reactivación Económica. 14 Plan de Reactivación económica, cap.II. 15 E. Domenech, op.cit. 16 Luisa Montuschi y Vicente Vasquez Presedo: Plan y Laissez faire en la economía contemporánea, Edic. Macchi, Buenos Aires, 1970. 17 Alain Rouquié, op.cit. 18 Al decir de A. Rouquié: “la guerra entre 1932 y 1938 ya no es una hipótesis académica, sino que se convierte en una perspectiva cercana. La guerra del Chaco en la frontera argentina, la ocupación de Manchuria por el Japón, y luego la guerra chino- japonesa, la crisis de Etiopía y la remilitarización de Renania, la guerra civil española, el Anschluss y la conferencia de Munich anuncian la tormenta”.(op.cit.). En este contexto, se pone sobre el tapete, en forma perentoria, el tema de la defensa nacional y el de la autonomía militar argentina. Los militares empiezan a preguntarse por las condiciones en que se encontrarían ante la eventualidad de tener que asumir una guerra. Las conclusiones de Rouquié son pesimistas: “ no es posible contar con suficientes stocks de armas y municiones. El país debe bastarse a sí mismo, porque puede verse, además (según los militares) obligado a soportar un bloqueo marítimo” (op.cit.). 19 Torcuato Di Tella: Problemas de postguerra (Función económica y destino social de la industria argentina, s/editor, Buenos aires, 1961 (la mayor parte del texto de este libro fue leída en el Instituto Popular de Conferencias de La Prensa el 13 de agosto de 1943). 20 Eduardo Jorge al respecto indica: “el término sustitución de importaciones es adecuado. No se basaba en términos afirmativos de industrialización, sino negativo de las importaciones” (Eduardo Jorge: Industria y concentración económica (desde principios de siglo hasta el peronismo), Bs.As., Siglo XXI, 1971. 21 Antonio Cafiero: Cinco años después..., s/editor, Buenos Aires, 1961. 22 Antonio Cafiero, op.cit. 23 “Durante la Cena Anual de Camaradería de las FFAA, el 8 de junio de 1941, el presidente del Centro Naval, contraalmirante Saba H. Sueyro, expresa claramente la posición de la Marina: ‘Nuestro país...tiene necesariamente que... fomentar al máximo sus industrias, especialmente las que tengan conexión directa con la defensa nacional’ ” (En Alain Rouquié, op.cit, pag.305). 24 En la relación con este tema es de destacar que el modelo alemán impresiona a los militares argentinos en tanto significa una política que termina con el liberalismo, expande la industria y afirma la defensa nacional. Sin embargo, cabe señalar que hay militares que prestan una conformidad más limitada a este proyecto global. 25 Emilio Llorens, en un articulo publicado en la Revista de Economía Argentina de julio de 1943, presentaba los siguientes números índices correspondientes al aumento de la ocupación en la industria en los últimos años: 1937 100,0; 1938: 104,3; 1939:108,5; 1940: 111,1; 1941:117,0; 1942:124,0
26 En un banquete ofrecido al Dr. Saavedra Lamas en diciembre de 1942, el presidente de la UIA, el Sr. Colombo, expresa: “Sabemos como ya tuvimos oportunidad de experimentarlo que los países en guerra retornarán un día a la paz y los soldados volverán al trabajo y ese trabajo- es obvio – será manufacturero; que todos los países europeos procurarán obtener divisas o materias primas a cambio de productos industriales que volverán a invadir los mercados sin limitación de precios. Esto nadie lo ignora porque ha sucedido, como es seguro volverá a suceder. De ello no caben dudas. Por eso es necesario una legislación previsora y las leyes laboriosamente concebidas y por largos años infructuosamente reclamadas”. (En Rev. de Economía Argentina, en enero de 1943). En 1941 la UIA había hecho suyo un proyecto del Ing. Di Tella en el cual proponía la instauración de un plan de seguridad social semejante al plan Beveridge y había reclamado su tratamiento en el Congreso. Al respecto decía Di Tella: “Los industriales americanos fueron los primeros en darse cuenta que sus propios trabajadores, empleados y técnicos, integran una gran porción de la masa consumidora, y que, en consecuencia, aumentando constantemente el valor adquisitivo de los salarios y sueldos crecerán también los bienes que la masa consumidora podrá adquirir... No solo es necesario que subsista el trabajador, sino que es necesario elevar su nivel material de vida, y procurarle un mínimo de seguridad social digno de su persona y de su función económica... Es posible financiar un plan argentino más o menos de acuerdo con las líneas del plan Beveridge, adaptándolo a nuestras modalidades... (Torcuato Di Tella, op.cit.). 27 En la Rev. de Economía Argentina, en su numero de junio de 1943, se explicita a propósito de A. Bunge: “Como sociólogo y católico, actuó en la presidencia de la Junta Central de los Círculos Católicos de Obreros y de la Unión Popular Argentina y fue miembro del Consejo Superior de la FACE” 28 Ver Encíclicas Rerum Novarum y Quadragésimo Anno. 29 Al respecto señala Juan Oyuela: “Constituye el núcleo operativo que debe ser considerado como el primer organismo de planificación, el cual proyecta su acción durante más de una década, a pesar de las diferentes denominaciones que fue teniendo” (en: Juan Oyuela, los planes Quinquenales, El país de los Argentinos, nro. 174, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1980). 30 Antonio Cafiero, op.cit. 31 Según
Francisco Figuerola “La resolución N°3 firmada por Perón a mi padre, establecía
que los Ministerios y demás autoridades y organismos nacionales, provinciales o
municipales, como las asociaciones de patronos y trabajadores, debían remitir
copia de los planes, estudios, proyectos e iniciativas sobre asuntos de política
y organización económico social que se hubieren preparado para afrontar los
problemas derivados de la guerra, para atenuar sus efectos y proceder a
encauzar el crecimiento nacional: (En: Francisco José Figuerola : El Consejo
Nacional de Postguerra, Pensamiento y Nación, Bs. As, nov.- dic. 1981). 32 Francisco José Figuerola, op.cit. 33 La colaboración estrecha entre Perón y Figuerola había comenzado ya un año atrás. El 27 de octubre de 1943 se había hecho cargo Perón del Dpto. Nacional de Trabajo que dirigía el segundo. Este departamento se incluye, con sus diversas secciones, en la Secretaría de Trabajo y Previsión cuando se crea por Dec. 15074 del 27 de noviembre del mismo año, ocupando el Dr. Figuerola la dirección del equipo de estadísticas de la misma. Esta estrecha colaboración hace decir a Carlos Fayt: “Perón y su equipo de colaboradores de la Secretaría de Trabajo y Previsión, muy particularmente, el Dr. Figuerola, crean el Consejo Nacional de Postguerra” (En: La naturaleza del peronismo, Viracocha Editores, Bs. As., 1967, pag. 83). 34 Este plan mínimo debía “comprender las necesidades previsibles de materias primas de origen nacional, combustibles, energía eléctrica de origen térmico o hidráulico, máquinas e implementos y medios de transporte; el estado y grado de suficiencia de los sistemas actuales de producción, explotación y/o distribución de los elementos mencionados anteriormente y un programa mínimo a ejecutar en 5 años o plazo mas corto de las obras e inversiones que, en coordinación con las explotaciones ya existentes, deban realizarse de inmediato para asegurar un suministro adecuado de materias primas, combustible, energía y equipos mecánicos, así como un plan debidamente concertado de transporte y las medidas complementarias de carácter financiero o comercial, a fin de obtener un desarrollo racional, conveniente y sistemático de la industria y la agricultura del país, basado en los estudios a que se refieren los apartados precedentes” (texto del dec. N° 19288). 35 Vicepresidencia de la Nación, Ordenamiento Económico- Social, Edit. Guillermo Kraft Ltda, Buenos Aires, 1945. 36 Francisco José Figuerola, op.cit. 37 Vicepresidencia de la Nación, op.cit. 38 Vicepresidencia de la Nación, op.cit. 39 Juan Oyuela, op.cit. 40 Juan Oyuela, op.cit. 41 Al respecto Figuerola (h) señala: “La OIT había publicado un libro en 1940, surgido de la vigésima Sexta Reunión, titulado ‘Método de colaboración entre los Poderes Públicos, las Organizaciones Profesionales Obreras y las Organizaciones Profesionales Patronales’. El mismo rescata la colaboración de los sectores de la producción e impide que su concertación dentro un foro unitivo, sea confundida con tendencias corporativistas. La influencia de estos conceptos vertidos por la OIT dio nacimiento, a partir de 1949, a varios Consejos Económicos Sociales en países europeos”. (En Francisco José Figuerola, op.cit.). 42 Karl Mannheim, op.cit. 43 “El análisis de la evolución histórica de las instituciones estatales es inseparable del análisis de cuestiones sociales que exigen su intervención mediante políticas o tomas de posición. La metamorfosis del aparato del Estado se ajusta así a los ritmos, instancias y modalidades que asumen las formas de resolución de tales cuestiones... Pensar la acción estatal como parte de un proceso social tejido alrededor del surgimiento, desarrollo y resolución de cuestiones que una sociedad (y ese Estado) consideran cruciales para la reproducción del orden social que se va conformando, constituye a mi juicio una concepción más sensible a las alternativas de la historia que materializan sus protagonistas”. (En: Oscar Oszlak: Formación histórica del estado en América Latina: elementos teóricos y metodológicos para su estudio- Estudios CEDES, Vol. I. N°3, 1978) 44 Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto: Dependencia y desarrollo en América Latina, Siglo XXI Arg. Edit. S.A., Bs.As., 1973, Pag. 117. 45 Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, op.cit. pág. 118. |