LA INTEGRACIÓN DE LAS CADENAS INDUSTRIALES EN EL MERCOSUR

 

 

Fernando Sarti(*)

Mariano Laplane(*)

Agosto de 2004

 

Los países de la Región deben prepararse para enfrentar las consecuencias de la creación del ALCA. Diseñar una estrategia de desarrollo industrial común para el MERCOSUR resulta indispensable para mejorar la competitividad de las industrias nacionales y encarar ese desafío.

Los resultados de un estudio recientemente realizado en Brasil revelan la magnitud de los desafíos que la eventual creación de áreas de libre comercio, como la de los países americanos, representaría para la industria brasileña.(1) Aunque la industria argentina enfrente en este momento problemas más acuciantes, una vez superada la crisis actual tendrá que encarar, a mediano y largo plazo, desafíos semejantes.        

El estudio analiza las posibles consecuencias de la creación del ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) y sostiene que el impacto no será el mismo en todas las cadenas industriales. Por lo tanto, las políticas a seguir deberán ser diferenciadas para adaptarse a las particularidades de cada caso. En este artículo nos proponemos señalar que una mayor integración productiva Regional en el seno del MERCOSUR resulta clave para asegurar el desarrollo en algunos sectores de la industria.

La estrategia de Brasil

La investigación evaluó inicialmente la competitividad de 18 cadenas industriales, luego identificó las posibles oportunidades y amenazas que provocaría la liberalización comercial y finalmente analizó las medidas más adecuadas para cada situación. Aunque no hayan sido estudiados todos los sectores de la industria, el conjunto seleccionado es significativo, ya que representaba en el año 2000 cerca del 53% de las ventas de la industria brasileña, el 63% de las exportaciones y el 67% de las importaciones. El trabajo diferencia cuatro grupos y sugiere para cada uno de ellos una propuesta específica.

En el primero figuran las cadenas que enfrentarían amenazas más leves y podrían aprovechar algunas oportunidades, como las agroindustriales (café, celulosa y papel, cítricos), aquellas que utilizan intensivamente mano de obra (cuero y calzados) y las intensivas en escala, como la siderúrgica. Se trata de industrias con saldos comerciales positivos en el período que se extiende de 1996 a 2001 y con niveles aceptables de competitividad. Por este motivo, la estrategia de negociación debe ante todo garantizar mayor acceso a los mercados, en especial al norteamericano. Algunas de las barreras que encuentran los productos brasileños no son de naturaleza arancelaria, razón por la cual la agenda de negociación debe incluir la eliminación de otras restricciones, tales como cuotas, barreras técnicas y medidas de defensa comercial (medidas compensatorias y de anti-dumping). La política industrial tiene que agregar valor a las exportaciones, apoyando, por ejemplo, la presencia de las empresas brasileñas en el exterior, lo que permitiría aumentar el control de los canales de distribución (por medio del uso de marcas propias o en cooperación con redes comerciales).

El segundo grupo reúne los sectores que presentan problemas de competitividad y un déficit crónico en el comercio exterior: parte de la industria pesada (bienes de capital mecánicos y petroquímica), la de transformados plásticos –que es una importante fuente de empleo–, la cadena de construcción naval y la textil. En este último caso hay que separar las grandes empresas verticalmente integradas, que cuentan con tecnología actualizada y son competitivas, de las que se dedican a confecciones y que sufren serias deficiencias. La propuesta para este grupo plantea reducir el ritmo de la desgravación arancelaria y, durante ese período de protección relativa, adoptar políticas que mejoren la competitividad. Para que estas cadenas puedan enfrentar a mediano plazo el desafío de la liberalización comercial, es indispensable estimular reestructuraciones patrimoniales (promoviendo la concentración y el saneamiento financiero de las empresas), incentivar el desarrollo tecnológico (de productos y procesos) y apoyar la cooperación entre empresas nacionales y entre éstas y las extranjeras.

El tercer grupo incluye aquellas cadenas industriales para las cuales las oportunidades y amenazas resultantes del ALCA son marginales, como las de cosméticos, madera y cerámica. Son industrias poco sensibles a las actuales negociaciones comerciales porque dependen de mecanismos de competitividad independientes del precio, como la diferenciación por medio de las marcas y los canales privilegiados de distribución comercial, o bien porque se trata de productoras de bienes poco comercializados internacionalmente. Las políticas deben ser, entonces, más selectivas, dirigiéndose a empresas y productos específicos en lugar de actuar sobre las cadenas completas. De todos modos, es necesario adoptar medidas que apoyen la presencia internacional de las empresas brasileñas, así como la diferenciación de productos (marcas y design propios para cosméticos y muebles) y la regulación ambiental (madera).

Finalmente, el cuarto grupo incluye las cadenas en las que predominan las filiales de grandes empresas transnacionales, como la automotriz, la de equipos de telecomunicaciones y de informática, la electrónica de consumo (equipos de imagen y sonido) y la farmacéutica. Si bien el comercio exterior continúa de todos modos dependiendo de la competitividad de la producción local, este factor no es el único condicionante. Las estrategias de división del trabajo que establecen las casas matrices entre las filiales también desempeñan un papel importante. En estos casos la interrelación entre el flujo de comercio y la inversión es evidente. En consecuencia, resulta clave la negociación directa con las grandes empresas transnacionales para consolidar el espacio de la sucursal en la estructura mundial de la corporación y alcanzar así resultados comerciales positivos o, por lo menos, una significativa reducción de los déficit comerciales.

El nivel y el ritmo de la desgravación arancelaria deben estar aquí condicionados por acuerdos con las empresas transnacionales, con el fin de aumentar, por medio de inversiones, la competitividad de las filiales locales. Es preciso que esas inversiones fortalezcan las raíces de las filiales extranjeras en la estructura industrial local, acrecentando el contenido Regional de los productos y la participación de las filiales en el sistema doméstico de innovación.

La Integración Regional de las cadenas industriales como objetivo

El estudio que acabamos de resumir propone estrategias de negociación y de aumento de la competitividad para aquellas cadenas industriales que representan una parte importante de la actividad industrial en todo el MERCOSUR y no sólo en Brasil. La coordinación de las negociaciones y de las políticas industriales nacionales en una estrategia común y en una política Regional de desarrollo industrial parece absolutamente indispensable para consolidar el bloque y enfrentar con mayores probabilidades de éxito el desafío del ALCA. Por otra parte, el grado de integración comercial y productiva ya alcanzado también exige la articulación de las políticas nacionales. Este argumento se apoya en los datos del comercio Brasil-MERCOSUR, que conciernen a cinco de las cadenas mencionadas: alimentos, química, automotriz y equipos de informática y telecomunicaciones.

Si analizamos las cadenas automotriz, química y de alimentos, observamos que el comercio entre las industrias de los distintos países se intensificó desde la creación del MERCOSUR, y que la integración comercial fue la consecuencia de formas de complementación productiva que dieron lugar a actividades industriales regionalmente articuladas. Las terminales automotrices establecidas en la Argentina y en Brasil, por ejemplo, integraron sus líneas de producción en los dos países. Hubo también inversiones de empresas brasileñas, como la PETROBRAS en el sector petrolero argentino, e inversiones de empresas argentinas, como SANCOR en la industria de alimentos en Brasil. Las empresas que hicieron inversiones en más de un país del MERCOSUR planifican y ejecutan sus operaciones con una estrategia Regional y son un canal de integración de la estructura productiva, integración que, una vez efectiva, requiere la coordinación de las políticas de fomento y de negociación.

En aquellas cadenas en las cuales la integración productiva no se desarrolló todavía en escala significativa, como por ejemplo en los equipos de informática y telecomunicaciones, la política Regional de desarrollo industrial debería promoverla, para aumentar la competitividad y para reducir su fragilidad frente a la liberalización comercial.

Aunque este proceso de integración dependa de las inversiones de las empresas y, en este sentido, esté en la órbita de la iniciativa privada, puede y debe ser estimulado por la iniciativa pública, no solamente removiendo obstáculos al comercio sino también creando mecanismos de financiación y de apoyo a la inversión.

Las cinco cadenas industriales cuyo comercio intra-MERCOSUR analizamos aquí presentan distintos grados de competitividad internacional y pertenecen a grupos diferentes en la clasificación del estudio brasileño sobre los impactos de los acuerdos de libre comercio. Los alimentos son parte del primer grupo de cadenas industriales, con oportunidades favorables en el ALCA. La integración productiva en el ámbito del MERCOSUR ofrece una oportunidad de avanzar en la dirección sugerida por el estudio, agregando valor a las exportaciones hacia afuera del Bloque. Para ello, resulta clave posicionar internacionalmente a las empresas locales y mejorar de esta manera su ubicación en los canales de distribución.

La industria química está incluida en el segundo grupo, que nuclea a las cadenas que enfrentan amenazas y que deberían reestructurarse. Nuevamente, la integración a nivel Regional parece una oportunidad de fortalecer la posición del MERCOSUR en la industria química mundial, facilitando el aumento de las escalas de las empresas y de la producción.

La cadena automotriz y la de equipos de informática y telecomunicaciones pertenecen al cuarto grupo, junto con aquellas en las que la producción Regional está predominantemente en manos de empresas transnacionales. En los tres casos parecen evidentes las ventajas de la integración Regional para articular inversiones extranjeras y resultados más favorables en el comercio internacional. En el caso de la cadena automotriz, en la que hubo inversiones importantes en la Región pero que se encuentra actualmente en una situación crítica, una estrategia negociadora, orientada a impulsar las exportaciones hacia afuera del Bloque como instrumento de reactivación de la producción Regional, y una política de aumento de la competitividad requieren un componente de complementación intra-Bloque de la producción de partes y de vehículos. La especialización y la complementación productiva entre las filiales dentro de la Región pueden contribuir a racionalizar la producción, aumentar las escalas y reducir los costos.

En el caso de los equipos de informática y de telecomunicaciones en los que las inversiones fueron escasas y más concentradas en Brasil, la integración productiva de las cadenas evitaría que se repitan conflictos comerciales como en los años 2000 y 2001. La política Regional de desarrollo industrial debe incorporar instrumentos de atracción de inversiones, particularmente para la producción local de componentes micro-electrónicos que aumenten el contenido local y el valor agregado de la producción de equipos en el MERCOSUR.

En las cinco cadenas analizadas la integración Regional de la producción ofrece ventajas no sólo para la consolidación del Bloque sino también para fortalecer la competitividad de la industria y aumentar sus posibilidades de enfrentar el desafío del ALCA. Aun cuando a corto plazo el principal desafío para la industria Regional, sobre todo en la Argentina, sea la reactivación, a mediano y largo plazo habrá que enfrentar la competencia con sistemas industriales más desarrollados. En este sentido, el ALCA representa la materialización de esa competencia con adversarios más fuertes y con un sólido respaldo público. Indudablemente, la integración Regional de las cadenas industriales no es una panacea que resuelve todas las debilidades del sistema industrial del MERCOSUR, pero situarla como meta permite reflexionar sobre los instrumentos financieros y de regulación más efectivos para aumentar sus posibilidades de sobrevivir y de retomar la vía del crecimiento.

(1) “Estudo de Competitividade por Cadeias Integradas: impactos das negociações das Zonas de Livre Comércio”, Convênio de Pesquisa MDIC/UNICAMP, Campinas, mimeo, NEIT/IE/UNICAMP.

(*)Profesores del Instituto de Economía de la Universidad estadual de Campinas- UNICAMP-Brasil.