LA
REGIONALIZACIÓN DE
LOS MERCADOS COMO FACTOR DE
INTEGRACIÓN GEOPOLÍTICA
Tiberio Graziani*
Agosto 2009
En los últimos años los procesos de fragmentación (balcanización) del
espacio global y de mundialización de los mercados nacionales o regionales han
contribuido, sinérgicamente, a sustentar la hegemonía del mayor actor global,
los Estados Unidos de América, y, consecuentemente, de los grupos de presión
que se expresan a través de su dirigencia. Sin embargo, la actual crisis
económico-financiera del sistema “occidental” y la Regionalización
estructural de algunos mercados ( América meridional, Eurasia), que parecen
sustanciar la reordenación del planeta en grandes espacios geopolíticos
(multipolarismo), aceleran el declive de la “nación necesaria” y se oponen a
los procesos de mundialización. El proceso de mundialización, que gira en torno
al principio de la interdependencia económica, podría ser sustituido, a mediano
plazo, por un proceso de Regionalización de base continental, centrado en el
principio de complementariedad.
Mundialización,
fragmentación territorial e interdependencia económica
En la introducción a la ponderosa
compilación “L’espace mondial:
fractures ou interdépendances?”, los editores P. Dallenne y A. Nonjon
(1) proponen, como clave de lectura principal para la comprensión del complejo
fenómeno conocido como mundialización (2) (o globalización, según la
terminología en uso en el área cultural anglosajona), el análisis geoeconómico,
con la declarada finalidad de “éviter
l’arbitraire de toute prospective géopolitique”.
Pasando por alto aquí toda polémica
referente a la geopolítica, tal y como se deduce de la cita que acabamos de
reproducir, consideramos que el análisis geoeconómico – cuyo campo de
investigación está constituido por el estudio de las estrategias
económico-comerciales y financieras de los Estados, de las grandes empresas
industriales, de las organizaciones internacionales (como por ejemplo la ONU, el Banco Mundial o el
Fondo Monetario Internacional) – tiene
el indudable mérito de ayudarnos
en la valoración de las tendencias macroeconómicas, y a veces microeconómicas,
que influyen, corroboran o subyacen a algunas conductas típicamente
geopolíticas (3).
Las variables económicas, de hecho,
si son estudiadas cuidadosamente a nivel planetario y fuera de todo esquema
ideológico o historicista, permiten comprender de manera más acabada algunas
praxis geopolíticas y trazar mejor los probables órdenes mundiales futuros;
además, su estudio tiene el valor de descubir el peso ( y las estrategias) de
algunos importantes grupos de presión económico-financieros sobre las
decisiones de gobiernos nacionales y en la desestabilización del equilibrio
político y social de zonas completas del Planeta, evidentemente, en beneficio
de sus propios intereses y de los gobiernos que apoyan. Sólo por poner un
ejemplo, todo el mundo conoce la influencia que el complejo militar-industrial
estadounidense, en estrecha conexión con el lobby
del petróleo (4), ha ejercido en las decisiones estratégicas de la “guerra al
terrorismo” –que aún perdura – emprendida a escala global, después del 11 de Septiembre
de 2001, por la
Administración Bush (5). Como, por otro lado, todo el mundo
sabe, aunque sólo sea por dar otro ejemplo, la función desempeñada por las
potentes ONG’s, dirigidas por el financiero “filántropo” George Soros, en la
desestabilización de la ex Yugoslavia (6), en la perturbación del “exterior
próximo” de Rusia (Bielorrusia y Ucrania), en algunas áreas críticas del
continente eurasiático (Chechenia, Georgia, Osetia, Kirguistán, Myanmar, Tíbet,
etc.).
Más
precisamente, con respecto a las estrechas relaciones entre las políticas
económicas de los EUA y el proceso de mundialización, Jacques Sapir escribe que
« lo que se
llama “mundialización” en el lenguaje corriente es, en realidad, la combinación
de dos procesos. El primero es el de la extensión mundial del capitalismo en su
forma industrial en las regiones que no había tocado todavía. El segundo, en
gran medida es la aplicación de la política americana, correspondiendo a una
política voluntarista que persigue la apertura financiera y comercial. » (7).
Considerando a
los Estados como entidades asimilables a las grandes empresas, es posible
describir el espacio global como un vasto campo de fuerzas que estructuran el
mundo en espacios dominantes y en periferias más o menos integradas
económicamente. Tal descripción de las entidades estatales y su función con
respecto a las relaciones con el espacio y el poder, y a las estrategias para
la adquisición de la supremacía comercial y tecnológica (dos elementos
característicos de la mundialización contemporánea) nos lleva a considerar que
el actual proceso de mundialización está atravesando una profunda crisis, ya
que las actividades económicas, comerciales y financieras parecen organizarse
cada vez más según bases Regionales y dimensiones continentales.
Desde un punto de vista político, es
decir, de la soberanía, observamos que el Regionalismo comercial, esto es, la
integración Regional sobre bases económico-comerciales y financieras –llevada a
cabo mediante instrumentos como la cooperación interestatal, la zona de libre
intercambio, la unión de aduanas, el mercado común, la unión monetaria –expresa
un importante valor geopolítico, pudiendo constituir un volante para la
unificación política del área específica.
Esta evolución de los procesos
económicos en sentido Regional y continental puede ser interpretada como una
respuesta, en el plano económico y social, a los desequilibrios que el proceso
de mundialización ha supuesto en los últimos años en vastas áreas del Planeta.
Tal proceso , vale la pena recordarlo, ha provocado ( y sigue provocando) la
ulterior fragmentación de la soberanía
territorial de algunos espacios concretos del globo convertidos en
entidades estatales extremadamente frágiles, haciendo muy dificultosa su
gobernabilidad, en beneficio del sistema occidental; en beneficio, por tanto,
de una escasísima parte de la población mundial, cuando no de pocas y
particulares élites. La formación de grandes espacios económicamente
autosuficientes y políticamente soberanos –a partir de la
consolidación/integración de los ya existentes, entre los cuales se encuentran
Rusia, China, India en el hemisferio septentrional y Brasil y Argentina en el
meridional –constituiría, en cambio, un elemento de mayor estabilidad social y
política para todo el Planeta. Otro elemento que es preciso subrayar con fuerza
acerca de la globalización es que esta, procediendo hacia la uniformización
mundial de las costumbres y de las producciones, tiende a nivelar las
especificidades culturales de los pueblos, asimilándolas, además, en una lógica
neocolonial, a los “valores” occidentales.
En referencia al proceso de
mundialización, constatamos con P. Dallenne y A. Nonjon, que se remiten a la
lección de Jacques Ténier (8), que “la integración Regional se combina con
[aquel] en una dialéctica de refuerzo/oposición” (9)
La integración Regional refuerza los
mecanismos mundializadores cuando inserta a Regiones enteras en el mercado
global, apelando al principio de interdependencia económica, y se opone a esos
mismos mecanismos, cuando, en cambio, por oportunidades políticas y/o
necesidades geopolíticas, integra a áreas enteras en una lógica que aquí
definimos de autosuficiencia o complementariedad, sustrayéndolas, por tanto, al
proceso de mundialización.
La integración Regional, entonces,
presenta, a ojos del analista, un carácter híbrido. En el ámbito de esta
relación trataremos de analizar cómo tal peculiaridad se manifiesta en dos
áreas del Planeta: Sudamérica y Eurasia y cómo se relaciona con los procesos de
mundialización, fragmentación e integración de los espacios geopolíticos.
Hemisferio
occidental: el caso de la
América meridional
Consideremos en primer lugar el caso
de la América
meridional y cómo las dos lógicas opuestas, de refuerzo y oposición al proceso
de mundialización, podrán contribuir a influir en los futuros escenarios
geopolíticos de todo el área.
Por un lado, constatamos que los EUA
tratan de agregar desde hace mucho tiempo a los Países de América central y
meridional en el ámbito de redes económico-comerciales (ALENA/NAFTA, ALCA/FTTA)
y de cooperación militar (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), con
el evidente fin de mantener su propia hegemonía sobre todo el hemisferio
occidental, siguiendo la estela de la tradición inaugurada por el presidente
Monroe en 1823. La realización de tales redes implica la fragmentación
territorial y la despotenciación de las soberanías nacionales de toda la América meridional.
Generalmente la fragmentación y la despontenciación de las soberanías
nacionales son ejecutadas mediante la despolitización de las clases dirigentes
de los Países objeto de la integración económico-comercial, o, siguiendo las
reglas del soft power (10), a través
de la cooptación directa, y a menudo temporal, de algunas oligarquías locales
seleccionadas (políticas, culturales, económicas) en los mecanismos de la
economía y de la finanza mundiales, o, más burda y drásticamente, con la
desestabilización política y económica de las zonas de interés, valiéndose de
preexistentes tensiones endógenas, o creando artificialmente otras nuevas.
“Atomizar” la soberanía territorial
en entidades estatales débiles e interdependientes es la condición esencial para
que los EUA y las grandes compañías puedan llevar a cabo una integración
coherente con el proceso de mundialización –precisamente según los principios
de la interdependencia económica –de todo el subcontinente, o bien un control
total de este.
Por tanto, obstaculizar todo posible
ensamblaje entre los actores Regionales que pueda tener consecuencias políticas
propedéuticas para la constitución de un probable espacio geopolíticamte
cohesionado, o de algún modo económicamente autosuficiente, en tal marco, resulta
para los defensores (y controladores) del “libre mercado” un imperativo
esencial; este imperativo determinará, muy probablemente, la estrategia que
Washington tendrá que adoptar en los próximos años, con el fin de mantener sus
propias prerrogativas sobre lo que era su antiguo “patio trasero”.
Por otro lado, tenemos, en cambio,
el constante tejido de acuerdos y relaciones entre los diversos Países
sudamericanos, principalmente entre Argentina y Brasil, entre Venezuela y
Bolivia, entre Venezuela y Brasil, para la constitución de oportunas redes Regionales
dirigidas a liberar todo el subcontinente de la tutela (económica y militar)
estadounidense. Para algunos analistas y hombres políticos de la América meridional,
entre quienes se encuentran los brasileños Samuel Pinheiro Guimarães (11) y
Luiz Moniz Bandeira (12), y los argentinos Alberto Buela y Félix Peña, este
tipo de integración Regional (MERCOSUR, ALBA, Comunidad andina, etc.) — que los
partidarios del neoliberalismo llaman “bloques regionales” para evidenciar su
función negativa con respecto a los procesos de mundialización (13) –podría
constituir uno de los puntos de partida para la unificación monetaria y
geopolítica de todo el subcontinente americano. En este sentido, recordemos
que, a partir de Octubre de 2008, Brasil y Argentina adoptarán, para sus
intercambios, el Sistema de Pago en Moneda Local (SML) en lugar del dólar
estadounidense. La adopción del SML es un primer paso hacia la integración monetaria de toda la Región Sudamericana.
Por tanto, parece que el principio
de interdependencia económica –elemento esencial del proceso de mundialización
–está siendo sustituido por el de complementariedad.
La tensión que genera la
contraposición entre la constitución de un espacio económico meridional (y
coherentemente) unificado y la comprensible resistencia de los EUA determinará,
con toda verosimilitud, el futuro geopolítico de todo el hemisferio occidental.
Observemos que algunos analistas
estadounidenses, muy conscientes del declive de su País, como por ejemplo
Robert A. Pastor, consideran que para superar el actual momento crítico,
Washington debe asumir “un enfoque continental (a continental approach)” con una North American Community, que debería
incluir a Canadá, los Estados Unidos y
Méjico (14).
Hemisferio
oriental: el caso de Eurasia
En el caso de Eurasia la cuestión es
un poco más compleja. Aquí intervienen, de hecho, algunos factores
geoestratégicos importantes que condicionan, a partir del hundimiento de la Unión Soviética,
las praxis geopolíticas y geoeconómicas de los EUA y de algunos lobbies interesados en los inmensos
recursos de la masa eurasiática. Desde un punto de vista geoestratégico,
observemos, sintéticamente, que Washington está obligado a:
-
mantener la parte occidental de Eurasia (la Europa propiamente dicha)
como cabeza de puente para controlar a Rusia y Oriente Próximo;
-
perturbar algunas áreas asiáticas, principalmente la zona
caucásica y el arco del Himalaya con la finalidad de condicionar a Moscú y
Nueva Delhi y llevar a término el proyecto del “Gran Oriente Medio”;
-
tratar de fragmentar el territorio de la República Popular
China en al menos cuatro áreas: Tíbet, Xinjiang, Mongolia interior y China
centro-oriental;
-
mantener, finalmente, a Japón (la parte oriental de la masa
eurasiática), como cabeza de puente perfecto a Europa, para controlar a Rusia y
China, los dos pulmones de Eurasia.
Tal situación parece, a medio y
largo plazo, insostenible para Washington. El amplio espectro de actividades
destinadas a sostener su expansionismo debe, de hecho, saldar cuentas con la
evidente crisis económica-financiera que aflige, actualmente, su estado de
salud interna. Además, la ex hiperpotencia debe tomar nota de la gestación de
un sistema multipolar articulado sobre grandes espacios continentales, que
afectan tanto al Norte como al Sur del planeta: un espacio muy diferenciado,
pero, por oportunidades políticas, económicas y de seguridad colectiva,
bastante cohesionado, representado, en el hemisferio septentrional, por los
acuerdos ruso-chino-indios y otro, en ciertos aspectos más homogéneo, en el
hemisferio meridional, constituido por las nuevas relaciones entre Argentina y
Brasil.
En el pasado reciente, según Jacques
Sapir, « un punto central de la estrategia hegemónica de los Estados
unidos después de 1991 era la conjugación de una política de debilitamiento de
Rusia para que ésta no pudiera jamás volver a ser el competidor global que fue la URSS, con una integración de
este país en los marcos de la política americana. La apuesta política del
debilitamiento era evidente. En cuanto a la integración, debía prevenir toda
posible alianza de Rusia y China, con el
riesgo para los Estados Unidos de ver las capacidades técnicas en el dominio
militar de la primera, asociarse al dinamismo económico previsible de la
segunda» (15).
Atrapado entre las necesidades de
orden geoestratégico, como pesada herencia de su “momento unipolar” (16), y los
imperativos impuestos por los procesos de mundialización de los mercados,
Washington debe revisar profundamente su propia función de potencia global.
Recientemente, Condoleeza Rice, en
su ensayo publicado en Foreign Affairs,
la revista de estudios internacionales del Council on Foreign Relations, parece haber registrado
implícitamente la actual debilidad de Washington, sosteniendo, con sentido
realista (pese a la retórica “misionera” y “civilizadora” que recorre su
escrito), que los EUA deben tener “aliados permanentes” (permanent
allies) (17).
Por cuanto respecta a Europa, la
potencia norteamericana, en acuerdo con su socio especial (special partner),
Gran Bretaña, en un breve arco temporal, ha logrado llevar hacia sus posiciones
no sólo a los gobiernos de la parte oriental (Países Bálticos, Ucrania,
Polonia, Eslovaquia, República Checa, Hungría y Rumania), es decir, la Nueva Europa, según
la acepción del ex ministro de Defensa estadounidense, Rumsfeld, sino sobre
todo a Francia y Alemania. La Unión Europea, controlada por los tandem de los atlanticist modernizers Merkel-Steinmeier,
Sarkozy-Kouchner y Brown-Milliband, en realidad, no es “europea”, sino
“atlántica”. Esta Europa, confeccionada por las cancillerías de Londres, París,
Berlín y Washington, lejos de reforzar el carácter unitario político del propio
espacio, parece cada vez más inclinada a deshacerse a lo largo de tres líneas
de fractura principales: Europa continental (Alemania y Francia), la Nueva Europa (Europa
oriental), y la Unión
euromediterránea. En relación a los procesos de mundialización, la integración
euromediterránea de los atlanticist
Sarkozy y Merkel, en lugar de constituir un “bloque regional” mediterráneo
(18), tiene la finalidad de despolitizar a las clases dirigentes de los
Países árabes, cooptándolas en los mecanismos del mercado y de la finanza
mundiales, aumentando así el grado de interdependencia económica de estos
países con la economía mundial y, sobre todo, de impedir a la Turquía de Erdogan
–interesada en intensificar las relaciones con Moscú y Teherán (19) – que evolucione como un autónomo e importante
agente de decisiones en el Mediterráneo y en Oriente Próximo y Medio (20). Esta
nueva Europa “tripartita” (y, por tanto, todavía más débil) entra en la actual
estrategia transatlántica estadounidense que, destinada a limitar los daños de la Administración Bush
en el área medioriental, necesita refortalecer sus relaciones con Europa como
“socio político”, pero, al mismo tiempo, no puede correr el riesgo de que este
socio sea, incluso sólo en potencia, mínimamente independiente. Una Europa
débilmente transatlántica podría, de hecho, repensar su propia función fuera
del contexto “occidental” americanocéntrico, acercándose a Rusia e
intensificando sus relaciones con China e India – sobre bases de
complementariedad y no de interdependencia económica –y, por cuanto se refiere al
hemisferio occidental, con los Países del MERCOSUR.
En referencia a las “zonas de
crisis” (área transcaucásica, Oriente próximo y Oriente medio y el arco del
Himalaya), los procesos de mundialización proceden a través de una bien ideada
estrategia de perturbación, destinada a debiltarlas ulteriormente en el plano
político y social (Afganistán, Irak, Pakistán, Myanmar), y de préstamos
“excepcionales” a las organizaciones y/o entidades estatales que parece que se
ponen en marcha hacia la construcción de sociedades democráticas (21) y
aceptan, por tanto, las reglas del libre mercado (véase el caso de Georgia,
Azerbayán y Uzbekistán).
Con respecto al espacio chino-indio,
el proceso de mundialización no parece que se desarrolle según lo que habían
previsto los análisis macroeconómicos y financieros. Las decisiones en materia
económica de los gobiernos de Pekín y Nueva Delhi, aunque diferentes, de hecho,
parece que prefiguran, en los próximos años, la creación de un sistema
integrado de las economías de los dos colosos asiáticos, a partir de las
inversiones chinas para el desarrollo de las infraestructuras indias, y por el
apoyo indio al sector chino de los servicios y de la información, necesitado de
las tecnologías informáticas para desarrollar ulteriormente el orden económico
nacional. En sustancia, parece prefigurarse un auténtico “bloque regional”. Se
preve que, al cabo de dos o tres años, los intercambios comerciales entre los
dos países alcancen el umbral de los cincuenta mil millones de dólares. Además,
es preciso considerar que las necesidades energéticas de los dos Países
asiáticos –China e India importan del exterior, respectivamente, el 70% y el
40% del petróleo que consumen –imponen a sus gobiernos políticas eurasiáticas,
es decir, el establecimiento de fuertes acuerdos económicos con Rusia e Irán
(socios complementarios), y “sudamericanos” (acuerdos con Brasil y Venezuela):
todos ellos socios a los que
Washington no parece querer en exceso. El reciente choque (Julio de 2008) entre
EUA, China e India, acaecido en el
ámbito de las negociaciones sobre el comercio global, referente a los productos
agrícolas, parece que responde a ese contexto más general. En tal contexto
podría caber también la reunión del Big
Five (Brasil, India, China, Méjico y Sudáfrica), que tuvo lugar en Sapporo,
en paralelo a la cumbre del G8
(Hokkaido, 7/9 Julio de 2008).
Además, los acuerdos chino-indios
podrían favorecer una nueva relación entre Pekín y Tokio. Los dos antagonistas
históricos, de hecho, en el contexto de una integración económica comercial de
toda la región oriental de Asia, podrían encontrar puntos de conveniencia
política para la estructuración de un sistema multipolar. También en este caso
el principio de la interdependencia económica sería sustituido por el de la
complementariedad. Si eso llegase a suceder, el declive de los EUA como
potencia global sería imparable y veloz.
Para tal potencial amenaza, los EUA,
en este momento particular de crisis económico-financiera y de crecimiento de
China e India, necesitan revisar profundamente su posición también con Japón,
de modo especular a su política transatlántica con Europa, ya sea por obvios
motivos estratégicos, o por motivaciones vinculadas a su expansionismo
económico. Brzezinski, considerando que las nuevas realidades políticas
globales parecen indicar el declive de “Occidente”, considera que la “Comunidad
atlántica tiene que mostrarse abierta a una mayor participación por parte de
los países no europeos” (22). El ex consejero de Carter preve una función de Japón
( y también de Corea del Sur) en el ámbito de la OTAN, con el fin de que Tokio
esté aún más ligado a los intereses
nacionales de los EUA.
Conclusiones
De todo lo que hemos considerado
brevemente más arriba se deduce que el fenómeno de la Regionalización
de los mercados en los dos hemisferios del Planeta, hasta hace no mucho tiempo
estrictamente coherente con el proceso de mundialización y, sobre todo,
orgánico a las doctrinas geopolíticas de dominio mundial que perseguían los EUA
en las últimas décadas, parece que se desarrolla cada vez más en un sentido grancontinental y,
por tanto, contribuye, a medio plazo, a la integración geopolítica de grandes
espacios autosuficientes. El principio mundializador y mundialista de la
interdependencia económica a escala planetaria parece, además, que es
sustituido por el de complementariedad, como nueva base para integrar, a escala
continental, las diversas economías en el respeto de las especificidades y de
las tradiciones culturales de las poblaciones del Planeta.
Por tanto, el siglo XXI estará
marcado, en el plano geoeconómico, por la tensión que se instaurará entre los
procesos de mundialización y los procesos orientados a la construcción de
grandes espacios continentales, económicamente complementarios.
* Cofundador del IEMASVO [Istituto Enrico Mattei di
Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, ha sido su vicepresidente (2007/2008)].
Docente de geopolítica en el IEMASVO, da seminarios y
cursos de geopolítica en algunas universidades y centros de investigación y
análisis.
Docente del Istituto per il Commercio Estero (ICE –
Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), hasta ahora ha dado cursos en
varias partes del mundo como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.
Dirige “Eurasia. Rivista di studi geopolitici” y la
colección “Quaderni di geopolitica” (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma,
Italia.
direzione@eurasia-rivista.org
www.eurasia-rivista.org
1. Pierre Dallenne, Alain Nonjon (editores), L’espace
mondial: fractures ou interdépendence? Un panorama géoéconomique, in L’espace
mondial: fractures ou interdépendances?, Ellipses, Paris 2005, pp. 11/23.
2. Aymeric Chaupadre, François Thual, Dictionnaire de géopolitique,
Ellipses, Paris 1999, pp.551/555.
3. Sobre
las relaciones entre geopolítica y geoeconomía, nos remitimos a Pascal Lorot
(editor), Introduction à la géoéconomie, Economica, Paris 1999.
4. Franco
Cardini, Astrea e i Titani. Le lobbies americane alla conquista del mondo,
Editori Laterza, Roma-Bari 2003. Sobre el papel de los lobbies, véase también
John J. Mearsheimer, Stephen M. Walt, La Israel lobby e la politica estera
americana, Mondadori, Milano 2007.
(Hay versión española, El lobby
israelí, Taurus, 2007)
5. A tal respecto recordamos
que el proceso de remilitarización de la política estadounidense comienza
durante la crisis financiera del bienio 1997/1998. A principios de 1997 se
funda el think-tank necon
PNAC (The Project for the New American Century). Los miembros de esta
organización, que incluye a personajes influyentes como Donald Rumsfeld, envían, el 26 de Enero
de 1998, una carta al entonces presidente Clinton sobre la oportunidad de
emprender acciones militares contra Irak; el infome Rumsfeld, referente a la
amenaza de un ataque con misiles balísticos contra los Estados Unidos, es de Julio
de 1998 (http://www.fas.org/irp/threat/missile/rumsfeld/toc.htm ).
6. Yves
Bataille, Il futuro geopolitico della Serbia, en Y. Bataille, A. De
Rienzo, S. Vernole, La lotta per il Kosovo, Edizioni all’insegna del
Veltro, Parma 2007. Y. Bataille, "Rivoluzione arancione" in
Ucraina, tentativi USA in Eurasia e Banana Chiquita, www.eurasia-rivista.org,
25 de Enero de 2005.
7. Jacques Sapir, Le nouveau XXI siécle, Paris, 2008, p. 63/64.
8. Jacques Ténier, Intégrations
régionales et mondialisation. Complémentarité ou contradiction, La Documentation
française, Paris 2003.
9. Pierre Dallenne,
Alain Nonjon, op. cit., p. 12.
10. Joseph Nye, Soft Power, Einaudi, Torino
2005.
11. Samuel Pinheiro Guimarães, Le sfide
dell’integrazione sudamericana, www.eurasia-rivista.org, 8 Julio de 2008.
12. Luiz Moniz Bandeira (entrevista a), Unasur: un
sistema efficace per evitare la subordinazione dell’America del Sud, www.eurasia-rivista.org,
28 de Mayo de 2008.
13. El proceso de integración de la América indiolatina
es sostenido por China y Rusia, que, representando al “amigo lejano”, son
percibidas por los gobiernos de Caracas, Buenos Aires y Brasilia como mucho más
fiables que los “vecinos” norteamericanos.
14. Robert A. Pastor, The Future
of North America, Replacing a Bad Neighbor Policy, Foreign Affairs,
July-August 2008, vol. 87, n. 4, p. 84/98.
15. Jacques Sapir, Le nouveau XXI siécle, Paris,
2008, p. 113.
16. Richard Hass, The Age on
Nonpolarity. What Will Follow U.S.
Dominance, Foreign Affairs, vol. 87, n. 3, May-June 2008, pp. 44/56
17. Condoleezza Rice, Rethinking
the National Interest. American Realism for a New World, Foreign Affairs,
July-August 2008, vol. 87, n. 4, p. 7.
18. En este sentido, es interesante
leer lo que escribe el contraalmirante Jean Dufourcq, hoy jefe de la Oficina de Investigaciosn
del Colegio de Defensa de la OTAN
en Roma, en Pour une solidarité stratégique euro-maghrébine, Géoéconomique,
n. 42, été 2007, Choiseul, Paris 2007. El autor, pese a sostener que “le
fait régional est un trésor de la planète à proteger au nom de la diversité
génétique de celle-ci” (p.74), considera, sin embargo, que el porvenir
común (la communauté de destin et d’interest euro-maghrébine) debe ser
favorecido por “l’apparition d’une formule de laicité tolérant”: en
otras palabras, se evidencia la función hegemónica de la cultura occidental con
respecto a la arábigo-islámica y a la islámica.
19. Aldo Braccio, Russia e Turchia:
aumenta la collaborazione, y, del mismo autor, Turchia e Iran: un
laboratorio per l’intesa contro gli scenari di guerra, respectivamente en
www.eurasia-rivista.org, 5 de Junio de 2008 y 24 de Julio de 2008.
20. La reciente crisis georgiana
nuevamente ha llamado la atención de los observadores sobre la importancia de
los Dardanelos. Véase Fabio Mini, Prove di battaglia oltre lo stretto dei
Dardanelli, La
Repubblica, 27 Agosto 2008, p. 2.
21. Francis
Fukuyama, State
Building.
Governance and World Order in the Twenty-First Century, Profile Books Ltd,
Great Britain 2005.
22. Zbigniew Brzezinski, L’ultima chance,
Salerno editrice, Roma 2008, p. 150.