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Guilherme Sandoval Góes Mayo 2009 Introducción: El nostálgico maestro Celso Renato Duvivier de Albuquerque Mello, ya enseñaba que, más allá de
que no haya un derecho constitucional internacional claramente delimitado, el
nivel de constitucionalización de la política externa de un país depende del grado de internacionalización de
la vida nacional y de la intensidad de sus relaciones internacionales. En este sentido, el derecho de las
relaciones exteriores se ubica, en alguna parte, entre lo constitucional y lo
internacional, tal vez más cercano a este último. Cierto es que ya no basta con
hablar de “soledad de la Constitución”, en considerarla como un “Universo
cerrado y excluyente”, sino como un pluriverso basado
en el pluralismo interno, internacional y comunitario. En esta era globalizada, es
imperioso marcar la dimensión neo-jurídica de la Constitución, que recibe
contenidos internacionales en los documentos fundamentales, muchas veces,
provenientes de la geopolítica de los centros mundiales de poder. Es preciso,
pues, trepar hacia el escalón científico más elevado para mirar, con ojos de
observador, la interconexión entre las relaciones internacionales, la
geopolítica y el derecho. Para realizar su función de impartir justicia, el
derecho no puede permanecer al margen de la geopolítica y de las relaciones
internacionales, así como éstas no pueden permanecer ajenas al derecho. Tanto
la política nacional – al concebir los objetivos nacionales -, como la
estrategia nacional – al fijar las acciones para alcanzarlos -, deben seguir
fielmente el orden constitucional del Estado Democrático de Derecho, dentro de
un orden jurídico internacional de naciones civilizadas. Por lo tanto, es deber del estadista
brasileño adquirir una visión prospectiva de largo plazo para saber “jugar el
juego estratégico” dentro de los dictámenes del orden jurídico nacional e
internacional. De la misma forma, es deber del constitucionalista patrio saber
reinterpretar la Constitución a la luz de los principios geopolíticos que
informan a la sociedad internacional post-bipolar. La comprensión del panorama
geoestratégico mundial forma parte del rol de factores que permean la
interpretación constitucional, siendo incluso su elemento nuclear en el rechazo
de toda y cualquier modalidad de subordinación a los centros mundiales de
poder. Es dentro de este marco complejo que surge el
concepto de geoderecho, como una rama científica destinada a examinar las interconexiones
entre el derecho y la geopolítica. En esencia, el geoderecho busca incorporar variables extra-jurídicas
hasta entonces no consideradas en el estudio constitucional, dentro de una
simbiosis conceptual que ansía comprender las razones geopolíticas que
influencian las modificaciones de la Constitución en el mundo del desarrollo.
De la misma forma, el geoderecho busca evaluar si la
Constitución y la Estrategia Nacional, están en consonancia con los objetivos
fundamentales fijados por la propia Constitución, dentro de una idea material
de constitucionalismo programático que proyecta fines y programas a ser
alcanzados en el futuro. Se busca, aquí, la comprensión de la Constitución en
su totalidad, incluida su dimensión neojurídica que engloba las ideologías y
los factores geopolíticos que se entrelazan en el mundo real de las relaciones
internacionales. A pesar de ser inédito en el campo académico, el geoderecho siempre existió, por lo menos en su
pretensión de examinar las relaciones entre la Constitución y las fuerzas
políticas del Estado y entre Estados. En este aspecto, es precisa la lección
Hans Meter Schneider, incorporada por Gilberto Bercovici,
cuando afirma que la Constitución es fundamentalmente derecho político: de,
sobre y para lo político. En fin, el geoderecho
tiene el objetivo de debatir el papel de la Constitución y sus relaciones con
la geopolítica dentro de un amplio marco que engloba no sólo la manifestación
del poder constituyente originario, en ocasión de la instauración de la
Constitución, sino, sobre todo, en los momentos siguientes de actualización del
Estado. Dicha actualización es hecha a través de enmiendas constitucionales y
de leyes infra-constitucionales y bajo los influjos
de una determinada política constitucional, pasible de sufrir interferencia externa.
Esta es la razón por la cual vamos inicialmente a investigar las relaciones
complejas entre la geopolítica y la Constitución, en estos tiempos de Estado
Post-Moderno. En seguida, se pretenden examinar las estrategias
norteamericanas y sus reflejos en la construcción del orden internacional para,
finalmente, intentar engendrar algunos elementos teóricos capaces de informar
acerca de la creación de un geoderecho genuinamente
nacional, sin sumisión a los centros mundiales de poder y, en especial, a los Estados
Unidos. Entendemos que, en el cambio del siglo XX para el siglo XXI, un geoderecho regulando y siendo regulado por una geopolítica
subordinada, será el gran agorero de tiempos sombríos para nuestro País. 1) Constitución y geopolítica en
tiempos de estatalidad post-moderna En este segmento temático se
pretenden examinar las principales características que circunscriben el llamado
Estado Post-Social o Estado Post-Moderno, un ciclo estatal que surge a partir
del colapso soviético y que todavía se encuentra en plena evolución. A pesar de
eso, no se puede negar que el paradigma post-moderno viene apuntando hacia la
eliminación del Estado Social (Welfare State),
patrocinada por la ola neoliberal. En rigor, por detrás de esta tendencia se
encuentra el poder de las empresas transnacionales y su consectario más nocivo,
sea cual sea, el vaciamiento axiológico de la Constitución que pone en riesgo
todo un elenco de valores y conquistas de la sociedad moderna. Se propugna por
medio del orden neoliberal la reducción de la Constitución a estructuras
negativas y de mero procedimiento de limitación del poder del Estado,
quitándole la fuerza normativa tan arduamente conquistada, al mismo tiempo que
se intenta anular su papel transformador y emancipador que fija tareas,
programas y fines para el Estado y para la sociedad. Como bien observa Lindaren
Alves, se transfiere a la iniciativa privada y a las organizaciones de la
sociedad civil, la responsabilidad por la administración de lo social. Estas,
no obstante, funcionan apenas a escala de sus medios y de su humanitarismo. Se
abandona, así, la concepción de los derechos económico-sociales. En este
sentido, observé con agudeza de espíritu, que la geopolítica neoliberal
proyecta sobre las Constituciones del mundo en desarrollo, la neutralización de
la concepción de los derechos económico-sociales (segunda dimensión de
derechos) a través de un fenómeno capital que aquí designamos como la
constitucionalización de la geopolítica neoliberal. El tema es complejo, pero, no puede
dejar de ser enfrentado por el estratega/jurista del siglo XXI que, para
develar el nuevo estadio epistemológico del Estado Post-Moderno, necesita
comprender la intrincada conexión entre el derecho y la geopolítica. En
sintonía con el italiano Natalino Irti, uno de los
grandes jurisconsultos de la actualidad, se defiende la tesis de que la nueva
geopolítica mundial – impulsada por la economía y la tecnología – no desconoce
la máxima de que el territorio establece la medida de la autoridad jurídica del
Estado y que, por eso mismo, es fundamental saber explotar la dimensión
espacial del derecho. Es la idea de spatium
terminatuim, vale decir, lugar de política y derecho,
aislado e identificado por los límites de la jurisdicción constitucional del
Estado territorial y que, en gran medida, se aproxima al concepto de lebensraum, en tanto espacio vital y objeto principal de la
geopolítica clásica de autores de renombre, ej.: Haushofer, Mackinder, Spykman, Mahan y muchos otros.
Sucede que, en la era del Estado Post-Moderno, el poder de las empresas
transnacionales y de la tecno-economía no conoce límites, no tiene patria, se
expande hacia cualquier lugar. Son fuerzas ilimitadas (…) y que, juntas,
conjuntas y aliadas, generan (…) un espacio artificial sin límites, donde la
voluntad de lucro, desenraizada y sin territorio, se expresa más allá de los
Estados y más allá del derecho de los Estados. Es de una claridad meridana, por lo
tanto, la fragmentación jurídica de la geopolítica y de la tecno-economía que
debilita las Constituciones dirigentes del mundo en desarrollo y hace renacer
de las cenizas el fénix constitucional de arquetipo neoliberal. La racionalidad
geopolítica quebranta aquella visión clásica keynesiana de la impenetrabilidad
del orden jurídico estatal, o sea, el territorio del Estado ya no es más
símbolo de lebensraum, de espacio vital de
delimitación de las fronteras entre Estados nacionales. En tiempos de estatalidad post-moderna, el nuevo concepto de lebensraum, ya no se une más a la conquista de los
territorios, y sí, a la conquista de mercados y mentes (masificación por medio
de estructuras eficaces de marketing). La apertura mundial del comercio,
comandada por intereses globales de agentes infra-estatales,
se desplaza hacia la centralidad de las relaciones post-modernas. Es en este
sentido que Ignacio Ramonet pone al desnudo la idea
de civilización del caos de los nuevos señores del mundo (conglomerados
financieros e industriales privados), del planeta saqueado (destrucción
sistémica del ambiente), de las metamorfosis del poder y sus formas negociadas,
reticulares y horizontales (prensa, grupos de presión y organizaciones
no-gubernamentales), del choque de las nuevas tecnologías (hombro con hombro
con el choque de civilizaciones de las guerras étnicas) y, todo esto,
contribuyendo a arrojar sobre esta sociedad occidental post-moderna un mal olor
de remordimiento y algo parecido al sentimiento de náuseas. Infelizmente, esta es la compilación
que se hace del marco post-moderno. Es imperioso reconocer que la
post-modernidad estatal trae hasta ahora una perspectiva sombría de
agravamiento del ciclo de la periferia, de empobrecimiento estatal, de
desamparo de hipo-suficientes (capas más pobres del tejido social). En este
contexto, es preciso adquirir una sensibilidad académica esmerada para
comprender el fenómeno de la constitucionalización de la geopolítica y la
necesidad de creación de un geoderecho,
verdaderamente autónomo con relación a los centros mundiales de poder, los
grandes depositarios de las fuerzas de des-limitación (tecnología y economía).
Por todo eso es que se tiene la impresión de que el legislador patrio no
comprende bien la compleja matriz de impactos cruzados, que circunscribe las
relaciones entre el centro y la periferia del sistema mundial. Nuestras Constituciones y leyes son
modificadas sin ninguna relación con un posible proyecto nacional de
desarrollo, al revés, lo que primará es la estrategia de las grandes potencias,
caracterizándose aquello que Natalino Irti denomina “mercado
de ordenamientos jurídicos”, o sea, las empresas transnacionales –
amparadas por sus respectivos Estados nacionales – tienen a su entera
disposición un verdadero mercado de Constituciones y eligen aquella que les
resulte más ventajosa y conveniente. Y más grave aún es percibir que esta
idea-fuerza de un mercado de Constituciones no surge de la nada, muy por el
contrario, es una decisión política fundamental del Estado tomada por el poder
legislativo. Cuanto mayor es la falta de visión estratégica de este segmento de
la sociedad, mayor será la intensidad de los daños sufridos por los ciudadanos
comunes. En fin, el resultado de este constitucionalismo condescendiente en
demasía, estructurado a partir de relaciones verticales de poder, es
melancólico y fue muy bien captado por aquella imagen traída a cuenta por el
maestro Celso Mello cuando alerta que los gastos en perfumes o en helados en
los Estados Unidos y en Europa, serían suficientes para atender las necesidades
sanitarias y nutricionales de todo el mundo subdesarrollado. Igualmente fuerte,
es el registro de que las personas son más ricas que los Estados nacionales.
Todo eso refleja el fenómeno de la constitucionalización de la geopolítica,
dentro de una globalización neodarwinista que no hace
más que aumentar las capas de sub-proletarios en la
periferia del sistema mundial. En fin, hay que comprender que “Poder
hegemónico” y “modificaciones constitucionales comandadas” son temas que
circunscriben al Estado Post-Moderno. En consecuencia, es imperioso engendrar
un modelo de Estado Post-Moderno capaz de calcular la influencia de las grandes
estrategias de los centros mundiales de poder y que tenga una magnitud
científica suficiente para garantizar el núcleo esencial de la dignidad del ser
humano. Conviene no embarcarse en la ola de la eliminación del Estado nacional
y, en especial, del Welfare State. Es por eso que se juzga inaplazable
concebir el modelo ideal de Estado Post-Moderno a partir de la reconfiguración
del Estado Social, sin, entre tanto, renegar de las virtudes del Estado
Liberal. Ahí está la piedra angular de la construcción del Estado Post-Moderno:
una propuesta de modelo estatal que mantenga algún control sobre la economía
privada, pero que, sin embargo, sea limitado en sus excesos intervencionistas. En este diapasón, el geoderecho brasileño tiene la misión de idealizar un nuevo
paradigma constitucional de estatismo positivo atenuado, que armonice, por un
lado, el binomio libre iniciativa – expansión mundial del comercio y, por otro,
el trinomio dignidad del ser humano – desarrollo nacional – justicia social. Y
más: la confluencia de los valores liberales (libre iniciativa y estatismo)
debe constituirse a partir de la garantía del núcleo esencial de la dignidad
humana, que fija las condiciones materiales mínimas hacia el ejercicio pleno de
la ciudadanía y de los derechos civiles y políticos. La figura que sigue
sintetiza dicha idea.
Por eso, no pueden aceptarse más,
sin una visión crítica, las construcciones teóricas extranjeras muy bien
delineadas y sistematizadas por autores de renombre, que no hacen otra cosa que
agravar el ciclo de la periferia en nuestra Región geopolítica. ¿De qué sirve
vanagloriarse de la fuerza normativa de la Constitución, bajo la égida de una
pujante democracia, cuando se constata la ineptitud del País para concebir una
estrategia nacional que garantice efectivamente los derechos fundamentales
mínimos del ciudadano común, el núcleo esencial de la dignidad humana? Es por esto que debe existir
consonancia entre la Constitución y la Estrategia Nacional; no se admite más
aquella vetusta imagen de soledad constitucional. Por el contrario, urge al
estratega brasileño superar el abismo científico que nos separa de los países
desarrollados, en especial de los Estados Unidos, cuya Estrategia Nacional
tiene el poder de moldear el orden internacional. Repítase, por ser
fundamental: la estrategia de un único Estado nacional dirigiendo y comandando
el orden internacional y, lo que es peor: muchas veces ni siquiera la propia
sociedad internacional se da cuenta de esto. En efecto, el estudioso de las
relaciones internacionales tiene la obligación de develar la intrincada
tesitura estratégica estadounidense, que proyecta hacia el mundo una imagen
retórica de valores democráticos que no se corresponde con su práctica en la
vida real. Es por todo esto que – en el próximo
segmento temático – no habrá otro camino sino el de trillar la larga evolución
del pensamiento norteamericano, desde la Geoestrategia de la Contención del
orden bipolar, pasando por la Estrategia del Compromiso y de la Ampliación de
Clinton (National Security Strategy of Engagement
and Enlargement) hasta
llegar finalmente a la tan controvertida Doctrina Bush y su tentativa de
imposición de la Pax Americana. Así se pretende
demostrar que dichos modelos estadounidenses trascienden el objetivo de su
simple nacionalidad e invaden la territorialidad de los países del resto del
mundo, siendo correcto incluso afirmar que, evaluar la coyuntura internacional,
no deja de significar analizar las estrategias de seguridad nacional de los
Estados Unidos de América, tal es, en esencia, la génesis de su construcción. 2) Las estrategias norteamericanas y
la construcción del orden internacional Este segmento temático fue elaborado
con la expectativa de plantear una visión crítica de las estrategias de
seguridad nacional de la mayor potencia económico-militar del planeta, con el
objetivo de comprender el significado, organizarlas sistemáticamente y,
finalmente, señalar las teorías geopolíticas que les sirven de sustento. Las grandes estrategias
norteamericanas, solamente pasaron a regir las relaciones internacionales,
luego de la superación histórica del orden internacional euro-céntrico, lo que
sucede efectivamente al final de la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente regía
el orden impuesto por las potencias europeas, en especial el Reino Unido, Francia
y Alemania y cuya trayectoria de evolución comienza con la Paz de Westfalia de
1648 (formación de la sociedad internacional), pasa por el Congreso de Viena de
1815 (fin de las guerras napoleónicas) y por el Tratado de Versalles de 1919
(formación de la Liga de las Naciones), hasta que, finalmente, se alcanza el
fin de la Segunda Gran Guerra Mundial, evento que sella definitivamente el
colapso del mundo euro-céntrico y la creación de la Organización de las
Naciones Unidas. La figura que sigue, tiene el don de
brindar una visión panorámica del perfil de la evolución de las estrategias
norteamericanas, desde el fin del mundo euro-céntrico hasta nuestros días, o
sea, desde la Geoestrategia de la Contención, en vigor durante toda la Guerra
Fría, pasando por la Estrategia del Engagement and Enlargement., engendrada por
Bill Clinton a comienzos de los años 90 y desarrollada a partir de la ruptura
del Imperio soviético, hasta que, finalmente, se llega a la Doctrina Bush,
configuración estratégica post-11 de Septiembre y cuya línea dominante es la
imposición de la llamada Pax Americana, entendida
aquí como unipolarismo geopolítico global.
La Geoestrategia de la Contención
fue utilizada por más de cuatro décadas para combatir el expansionismo
soviético y en sus albores, más precisamente en las Conferencias de Yalta y de Postdam de 1945, los constructores de la estrategia
norteamericana estaban divididos con relación a la política internacional de la
Unión Soviética (respeto a la división del mundo hecha en Yalta y Postdam, o un proyecto de expansión comunista?). Fue en ese ambiente de dudas que se tornó notoria la
visión prospectiva de George F. Kennan, primer
estratega en percibir que la URSS no era simplemente un aliado difícil en las
negociaciones de la post-Guerra, sino, por el contrario, era,
incuestionablemente, el principal opositor geopolítico de los Estados Unidos en
el contexto mundial que surgía. Comenzaba así la Guerra Fría, teniéndose, por
un lado, la expansión soviética de inspiración mackinderiana
y, por otro, la contención norteamericana bajo influencia spykmaniana. La expansión soviética se moldeó en
la teoría del poder terrestre de Mackinder, cuyo eje
central era la progresiva conquista de la Isla-Mundo a partir del Corazón de la
Tierra (Eurasia). Ya la reacción norteamericana vino a través de la Geostrategia de la Contención, cuyo nombre original es Kennan’s Containment Strategy. Con rigor académico, para comprender tal
estrategia, es necesario, antes, comprender su base teórica: la teoría de las
fimbrias. Idealizada por Nicholas Spykman, la teoría
de las fimbrias fue una de las más importantes concepciones geopolíticas clásicas
y sostenía que lo realmente importante era la ocupación de las orillas o
fimbrias de la Isla Mundial, esto es el llamado Rimland.
El control del Rimland, evitaba la expansión de la
potencia central, aislándola en el Corazón de la Tierra e impidiéndole alcanzar
la Isla del Mundo. Basado en estos principios spykmanianos, el estratega estadounidense enseguida
percibió que bastaba aislar a la Unión Soviética en el centro del Heartland,
mediante la fijación de tres grandes alianzas internacionales, a saber: a) para
la defensa de Europa Occidental, se formó la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN); b) para proteger las regiones del Oriente Medio y de
Asia Central, se creó la Organización del Tratado del Centro (OTCEN); y,
finalmente, c) para neutralizar la proyección comunista sobre el continente
asiático, se constituyó la Organización del Tratado del Sudeste Asiático
(OTASE). De todo esto se desprende, por lo
tanto, la alta capacidad de articulación estratégica de los Estados Unidos,
fruto del trabajo de una elite sofisticada, cuya habilidad para disimular
intereses propios no tiene respuesta. Es necesaria mucha sensibilidad
estratégica para no dejarse seducir por el american way de hacer política internacional. Son innumerables los
ejemplos de países que se dejaron envolver por esta alta capacidad estratégica
estadounidense de exportar sus amenazas hacia los aliados, que van a manejarse
en la escena internacional pensando en cuidarse de sus auténticos intereses
geoestratégicos. Incluso Brasil, es siempre un buen ejemplo de víctima de esta
alta capacidad estratégica estadounidense de exportar sus amenazas hacia sus
aliados que se van a mover en la escena internacional pensando cuidarse de sus
auténticos intereses geoestratégicos. En este sentido, el estudioso de la
Geoestrategia de la Contención, tiene el deber académico de señalar otro punto
capital de observación y que era la inconveniencia estratégica de apoyar
regímenes democráticos en el contexto latinoamericano. En términos simples, el
uso de la democracia como vector estratégico de combate al comunismo fue
debilitado en América Latina por el propio estratega norteamericano, o sea,
para contener el avance soviético en nuestra Región geopolítica, los Estados
Unidos estimularon la formación de gobiernos militares fuertes, en detrimento
de los propios valores democráticos. Bajo la óptica estadounidense, esta era la
forma más eficaz de evitar el avance comunista en el contexto latinoamericano.
En efecto, era la propia letra de la Geoestrategia de la Contención que
revelaba la tendencia de apoyar los regímenes militares en América Latina.
Estaba escrito textualmente, no era ni siquiera necesario disimularlo. En el
marco geopolítico de la Contención, dichos regímenes eran importantes instrumentos
al servicio de los intereses norteamericanos. Resta sondear si fue o no
coincidencia la realidad que se vivenció en toda esta Región. En verdad, toda
América Latina optó por trayectorias estratégicas de gobiernos militares que
enfrentaban mejor la amenaza comunista. Se deja para la reflexión del lector un
examen concreto de la realidad, si la opción estratégica adoptada por América
Latina y, en especial, por América del Sur, atendió a sus propios intereses o,
por el contrario, si fue apenas la concreción de una estrategia que le era
externa y emanada de los Estados Unidos de América del Norte. Una vez analizadas las relaciones
geopolíticas bipolares, vamos, inmediatamente a investigar la National Security Strategy of Engagement
and Enlargement, modelo que
se consolidó incluso durante el primer gobierno Clinton. Así, se puede comenzar
diciendo que la caída del muro de Berlín evidenció inmediatamente la
inconveniencia de la Geoestrategia de la Contención y por consiguiente, hizo
que surgiese un nuevo paradigma de seguridad nacional. En este sentido, las
nuevas variables del mundo post-Guerra Fría exigieron una revitalizadora
revisión de principios estratégicos, cuya integración culminó en la formulación
de un modelo dirigido hacia la apertura mundial del comercio. Así, las vigas
maestras de la nueva estrategia, fueron construidas a partir de la primacía de
la dimensión económica y de la reducción de los gastos militares, por lo tanto,
totalmente diferente de aquella que sería adoptada por su sucesor, el presidente
George W. Bush, cuya opción sería de cuño militarista. Es a partir de este tipo
de lectura que se comprende mejor el cambio de postura internacional del
multilateralismo disimulado de Clinton hacia el unipolarismo
declarado de Bush, al mismo tiempo que se entiende, con mayor claridad, el
pasaje del mundo político estratégico de la Guerra Fría hacia el universo
económico-comercial de la era post-bipolar. En efecto, la nueva estrategia
desplazó hacia la centralidad de la política externa norteamericana la
perspectiva neoliberal, en detrimento de una visión ideológico-militarista que
predominaba en el período que le antecedía. Realmente, no hay como negar la
afirmativa de que la política internacional de Clinton inauguró la era del
mercado-centrismo, un mundo esencialmente económico-comercial, impulsado por la
apertura de mercados globales y por la libre iniciativa. Es la ola neoliberal
que está siendo exportada con la fuerza del “pensamiento único” y con el
prestigio del triunfo del capitalismo sobre el comunismo. No fue sin razón, por
lo tanto, que la economía norteamericana alcanzó su apogeo durante la vigencia
del Engagement and Enlargement. Concebida con la esperanza de
simbolizar el mojón cero de un nuevo recomienzo, de una nueva historia escrita
a partir de la victoria del capitalismo, la estrategia de Clinton sobreestimó
la dimensión económica, sin tener en cuenta la realidad internacional
subyacente, cuyo eje giraba en torno al choque de civilizaciones, tal cual fue
formulado por Samuel Huntington. Y así es que los atentados terroristas a los
símbolos del Poder Nacional norteamericano, van a alterar drásticamente el
marco estratégico hasta entonces vigente. Además, la gran crítica que se hace
hoy en día al modelo estratégico de Clinton, recae exactamente en esta creencia
suya, exacerbada en la supremacía de la dimensión económica, dentro de la
matriz de seguridad nacional de los Estados Unidos. Y el hecho es que, la caída
de las torres gemelas, va a establecer nuevos imperativos de seguridad nacional
para los Estados Unidos, imprimiéndoles una nueva imagen volcada hacia la
Guerra contra el Terror. Es en este diapasón que la Doctrina Bush hace retornar
la primacía de la dimensión militar al plano más amplio de la seguridad
nacional. En suma, si, por un lado la caída
del muro de Berlín revocó la Geoestrategia de la Contención e instauró el
modelo del Engagement and Enlargement, por otro, la caída de las torres gemelas
invalidó la estrategia económica de Clinton e inauguró la tan controvertida Doctrina
Bush, era de fuerza y de pax americana. En efecto, la
configuración estratégica post-11 de Septiembre, optó, sin preocuparse
demasiado por el resto del mundo, por un escenario internacional unipolar, en
el cual los intereses norteamericanos serán colocados en un primer plano,
desestimando las tendencias contemporáneas al multilateralismo de objetivo
global de la sociedad internacional post-bipolar. He aquí plenamente
justificados, bajo la perspectiva estadounidense, los conceptos de ataque
preventivo y proteccionismo comercial sin disfraz. En verdad, con la debida agudeza de
espíritu, es posible identificar, antes incluso del fatídico 11 de Septiembre
de 2001, señales previas de unipolaridad dentro de la
obra estratégica de George W. Bush, tales como: a) La reedición del proyecto “Guerra
en las Estrellas”, escudo de defensa anti-misil, que
había sido archivado durante el gobierno Clinton; b) El abandono de la concepción
estratégica de la “Fuerza en Reducción” (Shrinking Force), en la cual se preveía la reducción de
aproximadamente el 35% de los gastos militares para las décadas siguientes, tal
cual estaba estipulado en la revisión estratégica de 1993 del entonces
Secretario de Defensa Les Aspin; c) La negativa de adherir al
consenso de los nuevos imperativos internacionales de conservación del medio
ambiente, engendrados en la Convención de Kyoto; d) El no reconocimiento de
aplicabilidad a las fuerzas militares estadounidenses de las normas y
principios jurídicos que involucraban la formación del Tribunal Penal
Internacional (TPI); e) El abandono de la Conferencia anti-racismo y, finalmente, f) La denuncia del importante
Tratado Anti-Balistic Missile Treaty (ABM) de reducción
de las armas nucleares con Rusia, denuncia ésta necesaria para la reconquista
de la construcción del Sistema de Defensa Estratégica Anti-misil
(Reedición de la Guerra de las Estrellas). En fin, la estrategia de Bush ya
presentaba, desde el comienzo, indicios unilateralistas,
de ahí la fuerte crítica que viene recibiendo de la sociedad internacional, ya
sea por la interrupción que provoca en el proceso de consolidación del
multilateralismo de alcance global, ya sea por el menoscabo que muestra frente
a los demás Estados nacionales y, en especial, al Derecho Internacional Público
(debilitamiento del papel de las Naciones Unidas). 3) Elementos teóricos de un geoderecho genuinamente brasileño en el siglo XXI Dentro de un contexto mundial
globalizado, la proyección de un país en el concierto de las naciones, es
función de su estrategia de inserción internacional. En este sentido, es deber
del estratega patrio trazar las líneas dominantes de la política internacional
del país. No obstante ello, se verifica que Brasil en las últimas décadas viene
demostrando ser incapaz de engendrar un proyecto nacional de desarrollo, que
contemple nuestras reales posibilidades de inserción autónoma en el escenario
internacional. Nuestra Carta Magna preconiza, en su
artículo cuarto, la búsqueda de la formación de una comunidad latinoamericana
de naciones. No deja de ser una orientación geopolítica importante para la
política externa brasileña. Sin embargo, es bueno ver que la integración
latinoamericana, más allá de que sea el mejor camino a recorrer, es de difícil
ejecución. México ya se encuentra irremediablemente vinculado a los Estados
Unidos; los países del Caribe y de América Central también están más cerca
estratégicamente de los Estados Unidos que de cualquier país sudamericano, en
fin, una integración de esta índole, sería prácticamente imposible, por lo
menos en el período de corto o mediano plazo. Siendo así, se visualiza como la
mejor solución para la geopolítica brasileña en estos albores de la
post-modernidad, la reducción de nuestro espacio vital hacia el sub-continente sudamericano. Es este indudablemente nuestro
verdadero lebensraum, nuestro espacio efectivo vital.
Siendo así, se percibe que la integración sudamericana debe ser el punto de
partida de todo proyecto brasileño de inserción internacional. Dicho de otra
manera, la construcción de un modelo geopolítico brasileño debe partir del
fortalecimiento de América del Sur, como paso inicial de un proyecto de
inserción internacional mucho más amplio y que abarque también las relaciones
con los centros mundiales de poder, con África y, finalmente, con Asia. Siendo así, se defiende la tesis de
que el estratega patrio tiene el desafío de edificar la integración de la
llamada tríada sudamericana, compuesta por los tres grandes conjuntos
geopolíticos de nuestro sub-continente (Arco
Amazónico, Pacto Andino y Cono Sur). He aquí la primera etapa de una concepción
geopolítica genuinamente brasileña. Inmediatamente, se deben entonces
configurar los tres grandes frentes externos: el primero enfocado hacia los
centros mundiales de poder (Estados Unidos, Europa y Japón), el segundo,
denominado frente atlántico, arrastrado a la proyección brasileña sobre África
y sobre el Atlántico Sur, finalmente, el tercero, denominado frente sur-sur y
que abarca principalmente la interconexión IBAS-MERCOSUR. La figura que sigue
sintetiza esta posible concepción geopolítica multipolar.
En efecto, la integración del
llamado triángulo geopolítico sudamericano, es el mejor proyecto de integración
de América del Sur. Bajo los pronósticos de un benigno liderazgo brasileño, la
integración de estos grandes conjuntos geopolíticos puede concretarse a partir
de la explotación de sus vocaciones naturales y estar pautada por el carácter
de inter-complementariedad sub-Regional.
Por otro lado, con relación a los centros mundiales de poder, nuestra
estrategia debe ser la de mantener una posición firme y de cooperación, aunque,
sin obsecuencia y prestando una especial atención al tema de los subsidios
agrícolas, por parte de los Estados Unidos, Europa y Japón que, indudablemente,
perjudica nuestras exportaciones en este sector. Con relación al frente atlántico, es
importante destacar la aproximación con el continente a partir de la revolución
del bio-diesel y de otras inversiones brasileñas
ligadas a la construcción civil. Finalmente, el frente sur-sur puede abrir
amplias perspectivas de integración trilateral abarcando a los países del
MERCOSUR, de África del Sur y de la India, formándose, por lo tanto, una gran
zona de libre comercio en el hemisferio sur. Por todo lo expresado podemos ver,
por consiguiente, la importancia de que el estratega patrio sistematice la
inserción internacional de Brasil. Sin una visión amplia, no será posible
moldear el sistema de fuerzas geopolíticas sudamericanas en una única
dirección. No hay otro camino a recorrer a no ser el de buscar la integración
del triángulo geopolítico sudamericano. En efecto, la interconexión del frente
amazónico, andino y platino, es una concepción con una magnitud geopolítica
capaz de enfrentar la influencia de los centros mundiales de poder, tornándose
la base de un gran proyecto de inserción internacional de América del Sur como
un todo. Conclusión: El presente trabajo procuró ab initio usque ad mais analizar las
interferencias mutuas entre la geopolítica y el derecho. Así, en un primer
momento se investigó el fenómeno académicamente oculto en Brasil y que es la
constitucionalización de la geopolítica. En este sentido, se verificó que el
derecho constitucional vive una de las fases más delicadas de su evolución,
principalmente en países del mundo periférico, donde se constata con mayor
intensidad el fenómeno de la constitucionalización de principios de orden
político liberal en su afán de neutralizar axiológicamente
la Constitución, restándole la fuerza normativa, tan arduamente conquistada. Así, se intentó demostrar que la
falta de una Estrategia Nacional de largo plazo impide, por vía refleja, que la
Constitución cumpla efectivamente su papel de asegurar los derechos
fundamentales mínimos para todo y cualquier ciudadano brasileño. Como bien
alertó Bercovici, sin un Estado fuerte, podemos
incluir lo que queramos en la Constitución, que no sucederá nada en términos de
efectividad de los derechos fundamentales. En estos tiempos de post-modernidad,
se vive la angustia de la desaparición del welfarismo
y, en consecuencia, el abandono de los excluidos a su propia suerte. Es por eso
que el legislador patrio tiene la misión de actualizar el Estado brasileño
mediante la fijación de enmiendas constitucionales que valoricen el concepto de
un Estado Post-Moderno que pueda – al mismo tiempo – conciliar los valores
liberales de la libre iniciativa y de la apertura del comercio, con los valores
de la social democracia dirigidos hacia la justicia social y a la dignidad del
ser humano, garantizándose, a partir de ahí, el núcleo esencial de los derechos
del ciudadano común. Acostado en una espléndida cuna, el
gigante brasileño se somete a presiones externas que sólo hacen que se agrave
la exclusión social de nuestro País. Urge, pues, a Brasil, alejar la postura
geopolítica sumisa y recuperar el tiempo perdido, asumiendo una concepción
geopolítica avanzada, cuyo punto de partida – y no de llegada – sea la unión de
la tríada sudamericana y sus principales bloques geopolíticos (arco amazónico,
pacto andino y cono sur). A partir de ahí será más fácil engendrar las otras
tres grandes iniciativas extra-bloque representadas por los frentes norte
(centros mundiales de poder), atlántico (África y Atlántico Sur) y sur-sur
(MERCOSUR-IBAS, MERCOSUR-mundo árabe-islámico y BRIC). En suma, la evolución
del derecho constitucional en Brasil, precisa tener en cuenta estas variables
geopolíticas de forma de fijar defensas jurídicas eficaces contra los centros
mundiales de poder, cuyos intereses se proyectan sobre nuestro
constitucionalismo, debiendo recordar aquí, una vez más, la lección magistral
de Natalino Irti acerca del mercado de ordenamientos
jurídicos en el mundo en desarrollo. En esta instancia, importa ganar una
visión superior de que la Constitución tiene la función de moldear la vida
nacional, y, no, sólo regularla. Es por todo eso que se cree que el
derecho constitucional post-moderno no puede quedar alejado de la realidad
internacional que lo circunscribe, sin que le sea endilgado cualquier papel de
control en la protección de los derechos fundamentales y en la actuación del
Estado desarrollista en el dominio económico. Bajo la óptica del geoderecho, el significado de la Constitución no se agota
en la mera perspectiva de ser la norma jurídica superior del Estado,
desprovista de todo contenido ético-social, como quiere además el orden
político neoliberal. Al revés, la Constitución es dinámica y abierta y debe
servir de fundamento material para la elaboración de las políticas públicas
dentro del Estado Constitucional de Derecho. Debe comprenderse que la
Constitución y la Estrategia Nacional – en cuanto definidora de las políticas
públicas – son dos caras de una misma moneda. Más aún: inspirado en Rui Barbosa,
se podría decir que: cuando la escuela de Chicago en las finanzas se une a la
escuela de Friedrich August von Hayek
en la teoría económica, pueden estar seguros de que se les imprimió, entre los
pueblos del mundo periférico, una herencia incomparable de exclusión social. Con estas consideraciones, se
finaliza este trabajo académico, destacándose que, en la era del geoderecho, la estrategia nacional y el derecho constitucional
deben estar hombro con hombro en la garantía de los derechos fundamentales del
ciudadano común y en la defensa de la soberanía estatal; definitivamente,
no conviene embarcarse en la ola de la desintegración del Estado nacional, que
la matriz neoliberal intenta exportar con la fuerza del triunfo capitalista
sobre el socialismo a partir del colapso soviético. Es posible, sí, que se
inaugure una nueva etapa de lectura moral y geopolítica de la Constitución
haciendo valer más que nunca la expresión de Hans Meter Schneider de que la
Constitución es un derecho político: de, sobre y para lo político. Autor: Guilherme Sandoval Góes
Profesor de Derecho y Capitán de Mar y Guerra; Coordinador de la División de
Asuntos Geopolíticos y de Relaciones Internacionales de la Escuela Superior de
Guerra de Brasil.; Coordinador del Curso de Post-grado en Derecho
Constitucional de la Universidad Estácio de Sá; Master y Doctorando en Derecho por la Universidad del
Estado de Río de Janeiro; MELLO, Celso D. de Albuquerque. Direito Constitucional Internacional. Rio de Janeiro: Renovar, 2000, p. 5. Cf. BERCOVICI, Gilberto. Constituição e política: uma relação difícil. In: LuaNova,
n. 61, 2004, p.10. Disponível em
http://www.scielo.br/pdf/ln/n61/a02n61.pdf. Acesso em 20 de Outubro de 2007. Nesse sentido de Constituição
como direito político, o ilustre doutrinador
pátrio mostra que o debate
constitucional passa a travar-se
entre aqueles que consideram
a Constituição um simples
instrumento de governo, definidor de competências e regulador de procedimentos,
e os que acreditam que a Constituição
deve aspirar a transformar-se num
plano global que determina tarefas, estabelece programas e define fins
para o Estado e para a sociedade. BINENBOJM, Gustavo. A nova jurisdição constitucional brasileira.
Legitimidade democrática e instrumentos de realização. 2 ª ed. revista e atualizada.
Rio de Janeiro: Renovar, 2004, pp. 7/8. ALVES,
J.A. Lindgren. A declaração dos direitos humanos na pós-modernidade.
Revista No., Rio de Janeiro. Disponível
em
http://www.dhnet.org.br/direitos/militantes/lindgrenalves/lindgren_100.html. Acesso em 20 de Outubro de 2007. IRTI, Natalino. Geodireito.
Tradução de Alfredo Copetti
Neto e André Karan
Trindade. Conferência sobre biodireito
e geodireito. Universidade
de São Paulo, São Paulo,
2007, p.1. Cf. Geodireito,
pp. 4/5. Para uma investigação científica importante acerca da nova ordem mundial após a queda do
muro de Berlim e a perspectiva de um
neo-hegemonismo norte-americano, sugere-se
a leitura de RAMONET, Ignácio.
A geopolítica do caos. Petrópolis, RJ: Vozes, 1998. Cf. Geopolítica do caos, pp.
7/12. Cf., ob.,cit.,p.6. As pessoas
estão mais ricas que os
Estados. As 15 pessoas mais
ricas ultrapassam o PIB da África Subsaárica.
(...) Para atender às necessidades
sanitárias e nutricionais fundamentais custaria 12 bilhões de euros, isto é, o que
os habitantes dos EUA e União Européia
gastam por ano em perfume e
menos do que gastam em sorvete. (...) Cada uma das 100 principais empresas globais vende
mais do que exporta cada um
dos 120 países mais pobres. As 23 empresas mais importantes vendem mais que o Brasil. Elas controlam 70% do comércio
mundial. Cf. Celso de Mello. Ob. cit. p. 57. E mais ainda: não é apenas a falta de visão estratégica do legislador que impede
o avanço da proteção dos direitos constitucionais mínimos
do cidadão comum,
desafortunadamente, a academia pátria também não consegue
desvelar as interpenetrações entre direito, relações internacionais e geopolítica. Ou bem se estuda, nas escolas de altos estudos militares e nos centros de formação
da diplomacia, a geopolítica e as relações internacionais dentro de cadeiras
isoladas, ou bem se estuda, nas escolas jurídicas do País, hermeticamente fechados o direito
internacional e o direito constitucional. O efeito disso tudo
é inexorável: a criação de um edifício epistemológico
brasileiro totalmente fragmentado, sem elo científico entre os diversos segmentos do saber
nacional. É nesse
momento histórico que a hegemonia norte-americana deixa de ser implícita e, passa, efetivamente, a moldar as relações
internacionais. É por isso
que vamos em seguida examinar a evolução
do pensamento estratégico estadunidense,
começando-se pela Geoestratégia
da Contenção que entra em
vigor logo após o fim da
Segunda Guerra Mundial. Antes porém, gostaríamos de fazer uma pequena digressão
filosófica – na verdade um alerta - para ressaltar que as
análises das estratégias
norte-americanas devem ser feitas sob
a ótica da natureza do poder, tal qual
formulada por Michel Foucault. Na visão
deste renomado doutrinador, tal natureza se tematiza na polêmica
noção de que o poder em si não existe, não é algo como a propriedade que se possui ou não, o que existe são relações ou
práticas de poder, o que significa dizer que o poder é algo que se exerce,
que se disputa, que se estimula. É, portanto, com este caráter relacional foucaultiano do poder que se deve
ou pelo menos se deveria
interpretar as estratégias de Segurança
Nacional dos EUA, na medida em
que projetam estruturas de
poder que buscam perpetuar a força
hegemônica estadunidense
dentro do concerto das nações.
CLINTON,
William. A national security strategy of engagement and
enlargement. Tais
conferências fizeram a divisão geopolítica do mundo. Pela Conferência
de Yalta, na cidade da Criméia, a área de influência da
URSS foi limitada ao Leste europeu, enquanto que, na Conferência de Potsdam, ocorreu a divisão da Alemanha (Berlim foi dividida em quatro zonas de influência: britânica, norte-americana, francesa e soviética). Ainda em Potsdam, a Coréia foi repartida entre os EUA
e a URSS, ficando a Coréia
do Sul sob controle norte-americano e a Coréia do Norte sob a influência soviética. O corolário
da National Strategy of Engagement and
Enlargement na América
Latina foi o tão propalado
Consenso de Washington, engendrado pelos senhores da economia privada e que adentrou o
cenário latino-americano sem
encontrar maiores resistências,
seja na academia, seja na esfera política. E assim é que o Consenso de Washington fixava
uma plêiade de políticas macroeconômicas, cujo objetivo
era a reconstrução do Estado Mínimo pré-weimariano, valendo, destacar inter alia seus principais
mandamentos: privatização
de empresas estatais, flexibilização
das leis trabalhistas, desregulamentação do controle estatal sobre remessa de lucros das empresas transnacionais,
pagamento de juros da dívida pública garantido por meio de acordos bilaterais com o Fundo Monetário Internacional, universalização
das empresas de telecomunicações, empréstimo
condicional em que o FMI estabelece
pré-requisitos de políticas fiscal, cambial ou monetária
a serem adotadas pelos
países tomadores do financiamento, controle rigoroso
do déficit público com o fito
de não comprometer o pagamento dos serviços da dívida, e,
finalmente, elaboração de regras
fixas para vencer, por definitivo, as já frágeis barreiras
tarifárias aos produtos industrializados dos países da tríade
econômica (Estados Unidos, União
Européia e Japão). Cf.
Cf FUKUYAMA, Francis. O fim da história. Rio de Janeiro: Biblioteca do Exército,
1998 Para uma análise mais ampla
do quadro de níveis de atrição entre civilizações,
veja-se por todos HUNTINGTON, Samuel. O choque de civilizações
e a recomposição da ordem
mundial. Rio de Janeiro: Biblioteca do Exército, 1998 Para uma ampliação da análise dos impactos
da geopolítica norte-americana no Brasil, v. GÓES, Guilherme
Sandoval. A evolução do pensamento
estratégico norte-americano a partir da fragmentação
nuclear e seus reflexos no
Brasil. In: Revista Marítima Brasileira. Rio de Janeiro, v.121,n.04/06,Abr./Jun.2002. Integração da Índia,
Brasil e África do Sul, cujo Fórum
de Diálogo acaba de ser realizado em Pretória, nascendo a proposição de formar uma grande
zona de livre comércio
entre os países do MERCOSUL, da África do Sul e da Índia.
Para além dessa integração, a frente sul-sul engloba ainda a integração MERCOSUL – Mundo árabe-islâmico
e o assim chamado BRIC (Brasil, Rússia,
Índia e China). E assim é
que no âmbito do Arco Amazônico,
por exemplo, a postura brasileira
deveria caminhar no sentido
de integrar os países da Região por intermédio de acordos multinacionais de construções de hidrelétricas (setor onde o
Brasil desponta como um
grande competidor internacional), valorização de
redes pan-amazônicas de ciência&tecnologia
e saúde (pesquisas cientificas
em torno da biodiversidade seriam priorizadas em todas as
universidades dos países amazônicos, visando a
agregar maior valor às suas descobertas e assegurando as patentes sul-americanas,
evitando, por conseguinte a fuga de recursos pela pirataria e tráfico ilegal de ervas
e sementes), intensificação
do turismo ecológico (construção da infra-estrutura necessária ao seu
desenvolvimento), etc. A questão
indígena tem que se solucionada em
tautocronia com a
perspectiva de incrementar a exploração dos minerais nobres da Amazônia. Em suma, o conceito estratégico da FLORESTANIA, que alguns Estados brasileiros vêm desenvolvendo deveria ser exportado a todos os demais
países amazônicos. O zoneamento
ecológico da Região possibilitaria
engendrar melhores estratégias
de aproveitamento econômico
em âmbito continental. A integração da Comunidade Andina
de Nações é bem mais complicada, mas nem por isto impossível. O ponto nodal do
posicionamento geopolítico brasileiro dentro da
frente andina deve apontar
para a mitigação da iniciativa norte-americana em expandir o Plano Colômbia para
os seus países lindeiros. Já o MERCOSUL é inquestionavelmente
o principal fórum de integração
sul-americana. As outras duas frentes, a amazônica e a
andina, são complementares dentro do processo de inserção internacional
da América do Sul. Este é um rol meramente exemplificativo, com certeza muitas outras iniciativas poderiam aqui ser elencadas, mas não há espaço para tanto, fica apenas a sinalização de uma vibrante integração a partir destas três grandes frentes: amazônica, andina e platina. |