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Cuba: la sucesión no fue noticia
Luiz Alberto Moniz Bandeira Marzo 2008 La revolución en
Cuba triunfó en 1959, cuando los sentimientos anti-Estados
Unidos se exacerbaban en América latina. Meses antes, el vicepresidente de los
Estados Unidos, Richard Nixon, había sido
violentamente tratado en todos los países que visitó en América del Sur,
particularmente en Perú y en Venezuela. Y el enfrentamiento de Cuba con los
Estados Unidos, que había sustentado la dictadura del sargento Fulgencio
Batista, afloró cuando la reforma agraria, promovida por Fidel Castro, alcanzó
a las empresas norteamericanas -entre ellas, Este conflicto,
que condicionó los comportamientos de Fidel Castro y del Che Guevara, tornó a
la revolución cubana menos en un acontecimiento nacional que en un fenómeno
latinoamericano, reflejando las contradicciones no resueltas entre los Estados
Unidos y el resto de América latina. De ahí su impacto y la inmensa popularidad
que alcanzó. Aunque Ernesto
Guevara y el propio Fidel Castro tuvieran algunas ideas marxistas, ellos no
estaban afiliados ni comprometidos con ningún partido comunista. No obedecían
ni aceptaban las directivas políticas de Moscú y no era inevitable, por
consiguiente, que la revolución cubana evolucionara hacia el estalinismo y su
forma de gobierno. Esto ocurrió porque El presidente
norteamericano Dwight Eisenhower
(1953/1961) fue quien en 1959 y 1960 empujó a Fidel Castro a buscar el cobijo
de Con razón el
politólogo Martín C. Needler sostuvo que no era
inevitable que la revolución cubana evolucionara hacia la identificación con la
doctrina comunista y su forma de gobierno. En verdad, En realidad, no
fueron los comunistas los que se apoderaron de Castro: fue Castro quien se
apoderó de los comunistas. El conflicto ideológico con China -hay que recordar
que Mao acusaba a Castro pretendió
cambiar el modelo de producción capitalista y saltar hacia el socialismo en el
marco del Estado nacional, sin modificar la estructura predominantemente agro-exportadora
del país ni el patrón de su inserción en el mercado mundial, que se asentaba en
el cambio de commodities por
manufacturas. El proyecto de
industrialización alentado en los primeros años de la revolución, sobre todo
por el Che Guevara, se frustró en la medida en que Cuba se integró en la
comunidad económica del bloque socialista, subordinándose a la división
internacional del trabajo que el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME)
planeaba y establecía. Así, Cuba, al entrar en conflicto con los Estados Unidos
en el contexto de El antagonismo de
los Estados Unidos, configurado por el mantenimiento y el endurecimiento del
embargo económico, incluso después que Este embargo
-inhumano y, hasta cierto punto, políticamente inocuo, en la medida en que no
consiguió, en casi cincuenta años, provocar la caída del régimen comunista-
sólo sirvió como pretexto para que Castro justificara el mantenimiento de la
dictadura. Existía, según él, un latente estado de beligerancia con los Estados
Unidos. Y en función de
la débacle del comunismo en el este
europeo y de las terribles circunstancias en las que Cuba se había precipitado,
Castro comprendió que lo mejor sería administrar hábilmente, él mismo, de forma
pausada, gradual y segura el retorno a ciertas formas de capitalismo, con el
fin de no perder el control de los acontecimientos y resguardar el
abastecimiento de servicios médicos, educación y seguridad social, que
representaban el núcleo de las conquistas democráticas de la revolución. Eso
hacía posible que la población soportara la dureza y las restricciones
económicas y políticas, sobre todo durante el llamado Período Especial. Sin embargo, el
estrecho intercambio comercial y la intensa cooperación con Venezuela, que
sustituyó a Cuando once días
después delegó provisionalmente el poder en su hermano Raúl para someterse a
una intervención quirúrgica, Fidel Castro ya no era imprescindible para el
funcionamiento del gobierno cubano, aunque continuara proyectando su dominante
influencia como símbolo de la revolución. La sucesión ya se
había dado y pocos lo habían percibido. El poder había pasado a una nueva
generación de dirigentes, con Raúl Castro al mando de las fuerzas armadas;
Ricardo Alarcón, hábil negociador y perito en relaciones con los Estados
Unidos, en Fidel Castro se
había convertido en presidente emérito, en héroe nacional, en el más importante
líder de América latina del siglo XX. Su renuncia definitiva a la presidencia
de Cuba ya era esperada. No fue una sorpresa. Y el hecho de que permaneció casi
medio siglo en el poder, enfrentando el embargo, tentativas de invasión,
sabotajes e incluso todos los esfuerzos de
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